lunes, 9 de febrero de 2015

La momia olvidada EL NIÑO INCA DEL CERRO "EL PLOMO" restos intactos !


La momia olvidada
EL NIÑO INCA DEL CERRO "EL PLOMO" 
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Los años 50 fueron agitados y revolucionarios en Sudamérica. 
Fue precisamente en aquel tiempo cuando se descubrieron varias momias en los contrafuertes cordilleranos. El hallazgo que más resonancia tuvo, fue el de un niño inca de 8 años de edad aproximadamente.
 Su cuerpo estaba en perfecto estado, sus tejidos corporales denotaban detalles de una piel intacta, su pelo, su ropaje, todo estaba perfectamente conservado. Los científicos de la época se revolucionaron por el descubrimiento, incluso tuvieron muchas veces que debatir alocadas hipótesis sobre el mantenimiento del niño descubierto. Hasta el día de hoy este niño muestra un estado de conservación excelente, y deja asombrado a quienes tienen la suerte de verlo en una sala especial en el sótano del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago.
Mucha gente se conmueve al observarlo, por la ternura y la belleza serena que expresa en su sueño eterno, sensaciones confirmadas por quienes escriben al encontrarse unos minutos delante la historia de este niño inca, verdadero antepasado nuestro y muy ligado a nuestra propia historia.
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IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO




El hallazgo del niño inca del Cerro El Plomo, fue realizado el día 1 de Febrero de 1954, por arrieros de la cordillera, personas que conocen todos los pasos cordilleranos para guiar ganado a Argentina y están en conocimientos de los secretos que lleva dentro de sí, este enorme cordón de montañas que cruza todo el largo país. Podríamos hablar en pasado, pues esta profesión hoy en día esta bastante extinta, pero aún perduran personas con conocimientos ancestrales, donde las cuevas, los entresijos y acantilados de estas montañas, pasos secretos entre sus entrañas, y la infinidad de leyendas que anidan, son su especialidad, aunque hoy su utilidad es otra diferente a guiar ganado al país vecino.

Los arrieros Luis Gerardo Ríos y su sobrino Jaime Ríos Abarca, fue a quienes les correspondió que el destino los eligiera como descubridores de este singular hallazgo. El descubrimiento se realizó a 5.200 metros de altura, en el cerro conocido como “El Plomo”, concretamente en un lugar denominado “La Pirca de los Indios”. Tras encontrar en el terreno algunos utensilios y adornos indígenas de oro, los arrieros comenzaron a excavar en el hielo, y es así como a un par de metros de profundidad apareció un niño indígena enterrado en una cámara de hielo natural. Lo trasladaron a una cueva más baja, a 4.000 metros de altura y allí lo escondieron. Las negociaciones para su venta con el Museo de Historia Natural duraron más de un mes y posteriormente fue “bajado” a la localidad de Puente Alto. Según las crónicas de la época, el niño inca que pesaba 35 kilos a la hora de su descubrimiento, en todo este tiempo fue perdiendo peso y cuando bajo definitivamente de los cerros pesaba solo quince kilos. Hay que hacer notar que del ajuar del niño se perdieron muchas piezas de incalculable valor arqueológico que seguramente fueron comerciadas por los arrieros a particulares. 
En aquellos años el Museo Nacional de Historia Natural era dirigido por Humberto Fuenzalida, y la señora Grete Mostny, que era jefe de la sección de Antropología, ellos fueron quienes gestionaron la adquisición de este interesante hallazgo, el cual ocupaba todas las primeras páginas de los períodos de la época. Fue precisamente el desaparecido periódico “Los Tiempos” que traían las declaraciones de uno de los arrieros que expresaba “Cuando tropezamos con su cuerpo volvimos a piedra numerada, (donde escondieron al niño inca), un mes y nueve días más tarde, nos encontramos con una tremenda novedad; estaba reseco y a lo sumo pesaba 15 kilos. Fue el viento cordillerano que en esa región es seco y constante el que operó el milagro” 
Seguramente, el proceso de deshidratación del cuerpo congelado, al extraerlo de su cámara mortuoria en el hielo sometido a liofilización, es decir, a una combinación perfecta de temperatura y humedad logró esta perfecta conservación. Este era el pensamiento de Hans Niemayer en el año 1987 que dirigía el Museo. 
DESCRIPCION DEL NIÑO

Hasta el momento la palabra momia como lo habrá notado el lector no la hemos usado. Precisamente este fue un punto de controversia en la época, pues algunos estudiosos decían que no podía considerarse una momia propiamente tal, ya que estas son desprovistas de sus vísceras para que se conserven largo tiempo, sin embargo el niño de “El Plomo”, es un niño congelado, científicamente se le denomina liofilizado. Estaba intacto. Todos sus órganos vitales estaban en perfecto estado. El cuerpo exterior era similar al de un ser humano vivo, sus pies, su rostro, su boca, frente, ojos con pestañas, nariz, todo estaba en perfecto estado. En la cabeza tenía un complicado peinado con múltiples trenzas, como las que usan los jóvenes de raza negra en los Estados Unidos. Su posición era reclinada sobre sus piernas y con sus manos apoyadas en las rodillas, quizás una actitud de oración o de asimilar su destino.

Valiosos objetos fueron encontrados junto a cadáver del niño inca, una figura de llama labrada en oro y plata en forma magistral, cuatro pequeñas bolsas con pelo, hojas de coca, cueros y pequeños adminículos. También llamó la atención un ídolo incásico de 15 centímetros representando a un indio con una toca roja, son los objetos extraordinarios que pudieron rescatarse del clásico expolio de coleccionistas privados.

El período “El Tiempo” en su edición de aquellos años trataba lo descubierto como una niña, y la describía con un camisón de lana negro, un chal plomo con ribetes rojos, y falda negra con ribetes de piel de vicuña. Mencionaba el periódico que la piel del cuerpo era tan extraordinaria, que aún existen zonas que segregaban un líquido seroso, lo que apasionó aún más a los investigadores. Agregaban los redactores, que esto demostraba que aún existían células vivientes en el pequeño cuerpo congelado.
Todos estos comentarios de la época hicieron crecer un aura fantástico y lleno de rumores, que no sólo agito la mente de miles de ciudadanos de aquella época, sino también la de muchos científicos y estudiosos de los años 50.FANTASTICAS TEORIAS Y LEYENDAS INCLUIDAS

El descubrimiento de este niño liofilizado, trajo consigo el alumbramiento de una serie de teorías y declaraciones, muchas de ellas de acuerdo al conocimiento de la época y otras muy aventuradas, y fuera de contexto.

Es así, como la fantástica hipótesis que el niño no era una momia y que estaba en un estado de “animación suspendida”, y que este hallazgo era el de un niño congelado, por lo tanto, no estaba muerto al momento de ser descubierto, fue la tesis más difundida, emitida por un biólogo español de apellidos García Beltrán. Al respecto de este curioso personaje, no ha sido posible encontrar datos concretos, de quien era este científico español en los archivos académicos chilenos, que suponemos se encontraba en Chile en esos momentos. En nuestras últimas investigaciones hemos logrado localizar en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Guadalajara, una persona que podría ser familiar de este misterioso biólogo español que estaba en Chile en aquellos años, Esto último se esta en trámites de conseguir más referencias sobre esta persona, que sale mencionado en todas las crónicas de la época en Chile. 
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Al respecto, incluso más de algún comentario agregó, que debido al tiempo transcurrido entre el hallazgo y el haber bajado de las alturas el cadáver, sin las precauciones debidas, este acto se podía considerar como un “asesinato” . Se aportaban como pruebas las emanaciones de fluidos corporales y sangre de los oídos del cuerpo, cuando fue traslado de las alturas al Museo que lo adquirió. Se comentaba que el cambio de temperaturas y el remover el cadáver sin precauciones le causo la muerte, todo esto 500 años después de ser enterrado por sus antepasados. También se aludía y comparaba el hecho al descubrimiento de ciertos animales, generalmente pequeñas ranas encontradas en rocas huecas en estado de suspensión vital que luego habrían recobrado vida. En este punto hay que añadir, que al encontrarse otros hallazgos parecidos en la zona del Monte Aconcagua, se había expandido la idea entre algunos estudiosos no académicos que estos niños incas habían sido enterrados 500 años antes por los antiguos incas para “dejar un mensaje para los hombres de ciencia del futuro” 
Esta idea aunque fantástica si se reflexiona un poco, aún hay personas que comparten en cierta forma esta idea pese a nuestro avance tecnológico, con otros conceptos diferentes y más avanzados, pero la medula de la idea principal es la misma. Nos referimos en especial, al tema de los “niños índigos”. Muchos de los análisis de los ADN estudiados a estos niños incas enterrados varios siglos atrás, han sido revisados y analizados, para determinar este registro ancestral y diferencial que dicen los partidarios de esta teoría, con el fin de poder compararlos con estas futuras generaciones de niños actuales “diferentes” que dicen están naciendo.

Lo cierto es que, asesorado y consultados científicos y estudiosos del tema, el ADN de estos niños incas de hace 500 años atrás, no difiere en nada con los niños actuales de esta zona del planeta.

Pero, la mente fértil de algunas personas no se detuvo allí. Se improvisaron expediciones al cerro “El Plomo”, para reiniciar la búsqueda de una de las leyendas más hermosas de la historia amerindia, nos referimos a la existencia de una mítica “Ciudad Perdida de los Incas en los Andes” Es así, como el profesor Richard Schaedel, jefe del centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile de aquellos años 50, planificó una verdadera expedición patrocinada por varias entidades sociales y medios de comunicación de la época. Las crónicas hablan que temperaturas de 3 grados bajo cero, recibieron a nada menos que a 15 sacrificados exploradores en la inhóspita montaña. Todos ellos subieron en búsqueda de esta mítica ciudad inca. La expedición se componía de antropólogos, arqueólogos, un médico y tres guías arrieros, todos se aventuraron en las entrañas de los cerros circundantes donde se había encontrado el niño inca muerto.

La expedición no tuvo suerte en su búsqueda principal, pero sí encontró varias minas de minerales de utilidad en las zonas cercanas al descubrimiento del niño inca. Noticia que fue transmitida por los periodistas de “La Nación” y “Los Tiempos” que también acompañan a los expedicionarios con pesadas máquinas de escribir “Underwood”, abuelas de nuestros modernos ordenadores.

DE VUELTA A LA REALIDAD

Vivir dentro de este mundo mágico de Sudamérica tiene sus ventajas, pero muchas veces te dejas llegar por ese aura fantástico, y debes aterrizar en la realidad, para esto quisimos tomar contacto con las personas actuales que estaban a cargo del niño inca. Hemos recurrido a los estudiosos del tema y nos encontramos con una visión netamente científica, reposada al paso del tiempo, pero también con tintes muy humanos. Nos explicamos.

Luego de solicitar el respectivo permiso por escrito a la señora Maria Elena Ramírez, Directora del Departamento de Arqueología, del Museo de Historia Natural de Santiago, para entrevistar a la persona más cercana al hallazgo, nos referimos a la arqueóloga Eliana Durán, descubrimos que esta funcionaria lleva más de 40 años junto a los restos del niño inca, siendo en estos momentos la funcionaria más antigua del Museo 
La arqueóloga Eliana Duran en la actualidad 
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El primer obstáculo que nos encontramos fue que esta “estrictamente prohibido fotografiar al niño”, más aún, la luz del lugar donde se encuentra, sólo se puede tener encendida máximo dos minutos. Todo esto para conservar el estado del niño inca, que se encuentra dentro de una vitrina especial y que cumple estrictas normas de mantenimientos, para lograr la conservación del cuerpo congelado. La vitrina permanece en unas dependencias del sótano del Museo y hace bastante tiempo que el niño no puede ser exhibido al público en general. Mientras la Sra. Durán nos explicaba todo esto por los interminables y oscuros pasillos del Museo, adivinamos cierto tono de inmenso cariño de la profesional hacía ese niño que cuida durante tantos años pese a su estado congelado. Precisamente, nos confesó que al cabo de los años era como un hijo más para ella, y que trataba de mantenerlo dentro de las mejores condiciones que pueden ofrecer los escasos medios que se dedican en este país a cuidar estas muestras de Patrimonio Cultural. Nuestra impresión al verlo en los escasos minutos que nos permitieron fue de un silencio y respeto especial. Un representante de nuestra cultura inca de hace más de 500 años mostrando todo su esplendor, representando las creencias de la época que les toco vivir.

Las estrictas medidas de conservación se deben a que Santiago esta dentro de las ciudades más contaminadas de Sudamérica y el smog se filtra por todos sitios. Cada seis meses los restos del niño deben ser exhaustivamente revisados, y se aplican implementos antibacterianos para su conservación, incluso permanece a oscuras pues la luz daña la materia orgánica y se trata de evitar cualquier elemento que lo dañe, por esta razón son tan pocas las visitas autorizadas que recibe al respecto.
Nos encaminamos a conversar con otro estudioso que ha tenido la oportunidad de ver y estudiar de cerca al niño inca: Se trata de Mario Castro, doctor en Antropología Biológica y que lleva la subdirección de Bibliotecas de Archivos y Museos, además es profesor de Antropología y Anatomía de la Universidad de Chile.

Nos comenta en nuestra conversación que este sujeto encontrado tendría aproximadamente 500 años de antigüedad, correspondería a la época de la llegada de los españoles a América. No existe una datación radiométrica específica, desconoce las causas. Por el ajuar y el contexto general de la momia se le atribuye el período incaico, pero fecha exacta no la puede concretar. 
Nos menciona que este hallazgo no es el único en la zona del cerro “El Plomo”, nos añade algunos hallazgos similares como el Cerro Ampato en el Perú y la famosa momia de Juanita de Los Andes, que fue llevada a los Estados Unidos.

Aunque nos recalca, que las condiciones del niño inca son excepcionales comparadas con la de estos otros hallazgos., nunca se había encontrado una pieza como si estuviera durmiendo, más que momificado con mucha retracción de los tejidos que se le observa como reseca. Nos agrega que este es un cuerpo que no esta intervenido por el hombre, no hay ningún uso de una técnica especial, aquí el cuerpo se seco naturalmente, con vísceras y todo. El niño fue llevado hacia arriba de la montaña y allí fue depositado en ese santuario. No fue agredido, ni sometido a ninguna acción física para ocasionarle la muerte, muy por el contrario, el niño probablemente fue llevado arriba con delicadeza, se le dio de beber algún brebaje de contenido alcohólico o con el fin de adormecerlo con algún extracto de hierba especial. El niño se durmió en la posición casi fetal, para abrigarse - suponemos menciona el estudioso - que se durmió por el sueño y el frío. Murió de hipotermia. Esa es la causa más razonable para explicar la muerte de este niño, porque las conclusiones de los análisis que se le han realizado a la fecha, demuestran que no tuvo ningún tipo de trauma.

Si entramos en la parte de su camino al santuario - menciona Castro - sus pies estaban llagados, debió ser un largo trayecto que realizó, en un terreno que no tenía condiciones muy adecuadas para el tipo de calzado que usaba.

Respecto a los rumores de los años 1954, atribuidos a un biólogo español de nombre García Beltrán … “que el cuerpo estaba en las funciones vitales suspendidas, por lo tanto, estaba vivo” comparándolo con el sistema de congelamientos que se realizan hoy en día… Nos contesta que esta apreciación probablemente era quizás válida en la época, pero así y todo era muy aventurado. El niño no estaba “suspendido” ni mucho menos, que esto quede claro. El frío de alguna manera actuó para que no se produjera el proceso normal de degradación de los tejidos y se detuvo la putrefacción y el proceso normal de deterioro de un cuerpo, nos agrega con énfasis el estudioso.

ESTUDIOS REALIZADOS

El 7 de septiembre de 2003 se realizó en el hospital un estudio integral interdisciplinario del niño, donde también participaron profesionales de las facultades de Medicina y Ciencias Químicas y Farmacéuticas. Mediante una resonancia nuclear magnética de cuerpo completo y un scanner, se pudo analizar el estado de conservación de los tejidos internos del menor. Asimismo, se hicieron biopsias de hígado, músculo y hueso. También se tomaron muestras de pelo para análisis antidoping que corroboraron que el niño había consumido, tal vez por un largo período, hoja de coca. "Pudimos comprobar el buen estado de salud del niño, con núcleos de crecimiento en pleno desarrollo y carencia de enfermedades o alteraciones. Tampoco había signos de violencia. Era un menor físicamente activo, de buen desarrollo muscular y contextura normal, que falleció por una hipotermia", señaló el profesor Mario Castro, nos agrega que en estos momentos se plantea reunir todos los estudios que existen sin publicar sobre los análisis del cuerpo del niño inca, también se reeditaran otros estudios clásicos al respecto. En el año 1982 se publicaron sólo dos trabajos y nunca por falta de medios se ha podido concretar un trabajo global respecto a este singular caso.

OTRO ANALISIS RECIENTES

El diagnóstico de más antigua data a nivel latinoamericano de triquinosis sería el referido al descubrimiento del profesor Héctor Rodríguez, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quien comprobó que el niño inca del cerro El Plomo presenta una masiva infección por larvas de Trichinella spiralis , el nematodo que causa esta enfermedad. Este hallazgo constituye un verdadero hito científico en la paleoparasitología mundial.

De esta manera se abren nuevas y diferentes interrogantes, dice el especialista, siendo la primera pregunta referida al origen de este parásito en el cuerpo de la momia, "pues, supuestamente, esta llegó al continente con los españoles, a través de ratas o cerdos", señala. Otra duda se dirige a las consecuencias de este mal en el pequeño: "Pudo no haber sido mortal, pero sí haberle producido altísima fiebre y dolores abdominales y musculares, lo que explicaría el que se haya descubierto que masticaba hojas de coca: tienen que haberle proporcionado gran alivio a sus dolores", teoriza el profesor Rodríguez, quien es académico del Programa de Anatomía y Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina.

Este descubrimiento, señala, se basa en los recientes estudios que de esta momia hicieron un conjunto de científicos e investigadores pertenecientes tanto al plantel como al Hospital Clínico de la Universidad de Chile quienes, en septiembre de 2003, sometieron al cuerpo a una serie de análisis, especialmente imagenológicos, a través de resonancias magnéticas y scanner, además de biopsias de músculo y hueso.

"En el laboratorio central de nuestro programa solicité que se procesaran estas muestras mediante las tinciones histológicas habituales pero, además, que se hicieran otras específicas. Y al observarlas al microscopio comprobé que los tejidos muscular y conectivo tienen un alto nivel de conservación, debido a la liofilización que sufrió el cuerpo: esto es, los procesos paralelos de congelación y deshidratación por evaporación, condiciones debidas a las características de altura que se observan en el Cerro El Plomo, entre 5.200 y 5.400 metros por sobre el nivel del mar", explica. Pero al analizar más detenidamente las muestras, descubrió unas estructuras de forma redonda, elíptica, y/o tubulares, con aspecto de quistes intracelulares, que se distribuían dentro de la longitud de la fibra muscular, "y que de acuerdo a mi experiencia como médico veterinario, y de haber visto estudios parasitológicos, pude concluir que eran larvas de Trichinella, probablemente la variedad spiralis, el nematodo que provoca la triquinosis" , señala el profesor Rodríguez.

Para confirmar su diagnosis, el profesor Rodríguez trabajó conjuntamente con la doctora Isabel Noemí, pediatra parasitóloga, y el tecnólogo médico José Luis Cerva, ambos docentes del Campus Oriente de la Facultad de Medicina, quienes confirmaron morfológicamente su teoría en los laboratorios del Hospital Luis Calvo Mackenna.

"Ellos tienen una larga experiencia parasitológica, y utilizaron sueros hiperinmunes con los que reafirmaron mi tesis. Incluso comparamos la cantidad de quistes de estos tejidos con los que tienen ratones de laboratorio infectados artificialmente, y eran muy similares", agrega. Ahora, señala que continuará haciendo estudios para determinar qué variedad de Trichinella fue la que enfermó al niño del Cerro “El Plomo”, pues, dependiendo de esa respuesta, se podrá saber, por ejemplo, si es que era un parásito propio de la región, provenía de otra zona de Latinoamérica o venía de Europa con los conquistadores.

¿Qué fue lo que comió el pequeño y que lo enfermó?

Lo más probable que haya sido cerdo salvaje. Porque esta enfermedad tiene varios vectores por los cuales llega al hombre, pero los más habituales son el cerdo y la rata, al comer su carne cruda o mal cocida. Pero Chile es un país en el que la población de roedores es bastante restringida, y entiendo que los que en la actualidad viven cerca del hombre no existían en esa época en nuestro continente, llegaron con los españoles.

¿En el cuerpo se ven otros síntomas evidentes?

No, e inclusive se encuentra visualmente en buen estado, no se ve desnutrición ni nada. Tiene que haber sido una infección que venía de mucho tiempo.

¿Por qué no se describió antes esta parasitosis, si este niño ha sido estudiado en tres ocasiones?

Creo que fue porque se hicieron análisis de tejido cutáneo y no muscular, quizás para no dañar demasiado el cuerpo. Revisando los informes hechos en los estudios anteriores, se describen todas las características que pudieron pesquisar, como por ejemplo un análisis de contenido intestinal a mediante fecas, del cual se deduce que el niño se alimentaba más que nada de vegetales, pero también de carne, y había algo curioso: al analizar los restos de fibras musculares de la carne ingerida y presentes en las heces, aún se podían observar sus estriaciones intracelulares, o sea estaban muy enteras, lo cual quiere decir que este niño estaba con muy mala digestión o con un cuadro diarreico. Esto se explica porque también hicieron estudios parasitológicos a esas fecas y se encontró Trichuris trichiura, una geohelmintiasis que produce diarrea.

El profesor Rodríguez concluye que, dado el interés que genera el tema, invita a investigadores de las áreas antropológica, parasitológica, pediátrica, histórica y todas las que pudieran hacer un aporte para responder a las inquietudes que plantea su estudio.

Todos estos últimos análisis y comentarios recopilados por nuestra colega Cecilia Valenzuela del periódico “La Nación” van dando nueva luz sobre la vida y la realidad de esta sorprendente hallazgo en un ya lejano año 1954; y que de alguna forma nos va presentando un panorama más esclarecedor de cómo eran nuestros ancestros en esta parte del planeta, como vivían, que comían, sus sufrimientos y creencias,

Un niño inca que mascaba hojas de coca, según las costumbres de la época y que aún perdura hoy en día en muchos lugares de nuestro altiplano, sobre todo en el mundo indígena para aliviar el cansancio y el esfuerzo diario.

Los restos liofilizado de este niño reposan en un sótano oscuro, dentro de una urna de cristal refrigerada, del museo más importante y con tradición de Chile lejos del público en general. Una verdadera reliquia que nos dejo nuestro pasado y que ha vencido el paso del tiempo.

Autor: Raúl Núñez

Agradece: La Nación
(Cecilia Valenzuela)

RECUADRO DE APOYO AL ESCRITO

LAS MOMIAS DE LLULLAILLACO

En Chile constantemente se están encontrando momias y restos artesanales de un pasado de la preconquista española. Muchos de estos hallazgos se pierden entre “pirquineros” que viven de la venta de estos descubrimientos, y aunque se trata de conservar el Patrimonio Cultural que esto implica, estas acciones son poco controladas por las autoridades. Dentro de este panorama, se encontró en el año 1999 unas de las momias mejor conservadas en un volcán de los Andes, su nombre Llullaillaco. El descubrimiento se realizo nada menos que a 6.723 metros de altura, límite justamente entre Chile y Argentina. La localización geográfica es frente a la ciudad de Antofagasta por Chile y Catamarca por Argentina. El hallazgo lo realizó el antropólogo alemán, Johan Reinhardt y llevadas al país vecino para su estudio. Esta acción trajo consigo las suspicacias e hicieron renacer las eternas rencillas entre estos dos países por asuntos fronterizos. Fuentes chilenas decían que las momias tenían que ser devueltas a Chile, pues fueron encontradas en la ladera oeste del Llullaillaco, o bien, que científicos de ambos países participaran en su estudio. 
Dos de las momias estaban perfectamente conservadas a 1,8 metros bajo tierra. Fueron trasladadas para su estudio a la Universidad Católica de Salta. Se trata de averiguar por intermedio de escáner datos de que comieron los niños antes de ser sacrificados, dato primordial para saber si están emparentados entre ellos. 
Su descubridor, Johan Reinhold del Instituto de Montaña de West Virginia (EEUU) ya había tenido la suerte de descubrir la momia denominada “Juanita” o “la dama de Ampato” en el año 1995. Las tres momias descubiertas por el antropólogo alemán, están muy bien conservadas, debido a la congelación extrema y sus órganos internos están prácticamente intactos. Se calcula que los tres niños fueron sacrificados cuando tenían 8 y 14 años, y todo indica que fueron enterrados vivos. Una de las niñas tiene el cráneo modelado como un cono. Los incas a menudo vendaban las cabezas de los niños desde el nacimiento para dar a sus cráneos la forma de las montañas de las que creían que descendían. Esta niña específicamente estaba enterrada envuelta en un tejido amarillo que tiene un elaborado diseño geométrico. Una de las momias tiene la oreja izquierda y parte del hombro quemado por un rayo que le alcanzó cuando ya estaba enterrada, pero el resto de sus órganos están en perfecto estado. Se encontraron 36 estatuillas de oro y plata, así como figuras humanas hechas con conchas marinas, seguramente con el fin de entretención de los niños sacrificados, en el largo camino que les quedaba para encontrarse con sus dioses.

El impero inca, que duró muy poco (unos 90 años) se extendió desde Ecuador, en el norte, hasta el sur de los Andes. Esta cultura se caracterizó por un sistema de economía colectivo más parecido a un sistema comunista que capitalista, siendo considerado por muchos analistas modernos, como el primer estado socialista en Sudamérica. Se desintegró después que su último emperador Atahualpa, nacido a principios del siglo XVI, hijo de Huayna Capac, Inca conquistador y de la Princesa Paccha, hija de Cacha, último Shyri soberano del pueblo de los Quitus, cayó en manos de los españoles.

LA MOMIA DEL MONTE ACONCAGUA

El año 1985 fue encontrada otra momia con las mismas características de las que hemos mencionado en este trabajo. Esta vez unos escaladores argentinos la encontraron a una altura también de unos 5000 metros de altura.
De acuerdo a los estudios realizados en su época por los especialistas chilenos, los cuales tienen mayor experiencia por el constante trabajo que lleva este tipo de descubrimientos, sobre todo en la zona de Arica, donde predominaba la cultura denominada Chinchorro, “el enterramiento de estas momias y la similitud de altura de estas”, no es coincidencia, sino que obedece a un conocimiento científico de los incas de hace más de 500 años, puesto que a los cinco mil metros por sobre el nivel del mar, se encuentra la temperatura ideal para conservar los cadáveres sin que se descompongan ni sufran un frío más intenso que las podría deteriorar si se les sepultara a mayor altura 
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El camino del Inca, ruta que aún perdura, esta plagada de jeroglíficos dibujados en las montañas de la zona, que hacen alusión a la vida diaria de este pueblo y sus largas rutas comerciales, y de ritos trascendentes, las cuales señalaban con “tambos” (construcciones artesanales a orillas de los caminos en el desierto) que eran indicativos también de lugar de hospedaje y resguardarse del mal tiempo en épocas difíciles. Extrañamente estas construcciones tienen mucho en común, con algunas del antiguo Tibet (Obos), en la trascendencia entre la vida y la muerte que también trataban de representar construcciones muy similares y que aún hoy en día se pueden ver a las orillas de los caminos, donde el viajante deja siempre una ofrenda para los espíritus buenos y positivos. Estos “tambos” en Chile son y siguen siendo primordiales para ciertos oficios ritualistas, de recuerdos a almas perdidas, y por donde pasaban las familias incas a entregar estos niños a sus dioses en la montaña 

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