lunes, 9 de febrero de 2015

La momia olvidada EL NIÑO INCA DEL CERRO "EL PLOMO" restos intactos !


La momia olvidada
EL NIÑO INCA DEL CERRO "EL PLOMO" 
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Los años 50 fueron agitados y revolucionarios en Sudamérica. 
Fue precisamente en aquel tiempo cuando se descubrieron varias momias en los contrafuertes cordilleranos. El hallazgo que más resonancia tuvo, fue el de un niño inca de 8 años de edad aproximadamente.
 Su cuerpo estaba en perfecto estado, sus tejidos corporales denotaban detalles de una piel intacta, su pelo, su ropaje, todo estaba perfectamente conservado. Los científicos de la época se revolucionaron por el descubrimiento, incluso tuvieron muchas veces que debatir alocadas hipótesis sobre el mantenimiento del niño descubierto. Hasta el día de hoy este niño muestra un estado de conservación excelente, y deja asombrado a quienes tienen la suerte de verlo en una sala especial en el sótano del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago.
Mucha gente se conmueve al observarlo, por la ternura y la belleza serena que expresa en su sueño eterno, sensaciones confirmadas por quienes escriben al encontrarse unos minutos delante la historia de este niño inca, verdadero antepasado nuestro y muy ligado a nuestra propia historia.
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IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO




El hallazgo del niño inca del Cerro El Plomo, fue realizado el día 1 de Febrero de 1954, por arrieros de la cordillera, personas que conocen todos los pasos cordilleranos para guiar ganado a Argentina y están en conocimientos de los secretos que lleva dentro de sí, este enorme cordón de montañas que cruza todo el largo país. Podríamos hablar en pasado, pues esta profesión hoy en día esta bastante extinta, pero aún perduran personas con conocimientos ancestrales, donde las cuevas, los entresijos y acantilados de estas montañas, pasos secretos entre sus entrañas, y la infinidad de leyendas que anidan, son su especialidad, aunque hoy su utilidad es otra diferente a guiar ganado al país vecino.

Los arrieros Luis Gerardo Ríos y su sobrino Jaime Ríos Abarca, fue a quienes les correspondió que el destino los eligiera como descubridores de este singular hallazgo. El descubrimiento se realizó a 5.200 metros de altura, en el cerro conocido como “El Plomo”, concretamente en un lugar denominado “La Pirca de los Indios”. Tras encontrar en el terreno algunos utensilios y adornos indígenas de oro, los arrieros comenzaron a excavar en el hielo, y es así como a un par de metros de profundidad apareció un niño indígena enterrado en una cámara de hielo natural. Lo trasladaron a una cueva más baja, a 4.000 metros de altura y allí lo escondieron. Las negociaciones para su venta con el Museo de Historia Natural duraron más de un mes y posteriormente fue “bajado” a la localidad de Puente Alto. Según las crónicas de la época, el niño inca que pesaba 35 kilos a la hora de su descubrimiento, en todo este tiempo fue perdiendo peso y cuando bajo definitivamente de los cerros pesaba solo quince kilos. Hay que hacer notar que del ajuar del niño se perdieron muchas piezas de incalculable valor arqueológico que seguramente fueron comerciadas por los arrieros a particulares. 
En aquellos años el Museo Nacional de Historia Natural era dirigido por Humberto Fuenzalida, y la señora Grete Mostny, que era jefe de la sección de Antropología, ellos fueron quienes gestionaron la adquisición de este interesante hallazgo, el cual ocupaba todas las primeras páginas de los períodos de la época. Fue precisamente el desaparecido periódico “Los Tiempos” que traían las declaraciones de uno de los arrieros que expresaba “Cuando tropezamos con su cuerpo volvimos a piedra numerada, (donde escondieron al niño inca), un mes y nueve días más tarde, nos encontramos con una tremenda novedad; estaba reseco y a lo sumo pesaba 15 kilos. Fue el viento cordillerano que en esa región es seco y constante el que operó el milagro” 
Seguramente, el proceso de deshidratación del cuerpo congelado, al extraerlo de su cámara mortuoria en el hielo sometido a liofilización, es decir, a una combinación perfecta de temperatura y humedad logró esta perfecta conservación. Este era el pensamiento de Hans Niemayer en el año 1987 que dirigía el Museo. 
DESCRIPCION DEL NIÑO

Hasta el momento la palabra momia como lo habrá notado el lector no la hemos usado. Precisamente este fue un punto de controversia en la época, pues algunos estudiosos decían que no podía considerarse una momia propiamente tal, ya que estas son desprovistas de sus vísceras para que se conserven largo tiempo, sin embargo el niño de “El Plomo”, es un niño congelado, científicamente se le denomina liofilizado. Estaba intacto. Todos sus órganos vitales estaban en perfecto estado. El cuerpo exterior era similar al de un ser humano vivo, sus pies, su rostro, su boca, frente, ojos con pestañas, nariz, todo estaba en perfecto estado. En la cabeza tenía un complicado peinado con múltiples trenzas, como las que usan los jóvenes de raza negra en los Estados Unidos. Su posición era reclinada sobre sus piernas y con sus manos apoyadas en las rodillas, quizás una actitud de oración o de asimilar su destino.

Valiosos objetos fueron encontrados junto a cadáver del niño inca, una figura de llama labrada en oro y plata en forma magistral, cuatro pequeñas bolsas con pelo, hojas de coca, cueros y pequeños adminículos. También llamó la atención un ídolo incásico de 15 centímetros representando a un indio con una toca roja, son los objetos extraordinarios que pudieron rescatarse del clásico expolio de coleccionistas privados.

El período “El Tiempo” en su edición de aquellos años trataba lo descubierto como una niña, y la describía con un camisón de lana negro, un chal plomo con ribetes rojos, y falda negra con ribetes de piel de vicuña. Mencionaba el periódico que la piel del cuerpo era tan extraordinaria, que aún existen zonas que segregaban un líquido seroso, lo que apasionó aún más a los investigadores. Agregaban los redactores, que esto demostraba que aún existían células vivientes en el pequeño cuerpo congelado.
Todos estos comentarios de la época hicieron crecer un aura fantástico y lleno de rumores, que no sólo agito la mente de miles de ciudadanos de aquella época, sino también la de muchos científicos y estudiosos de los años 50.FANTASTICAS TEORIAS Y LEYENDAS INCLUIDAS

El descubrimiento de este niño liofilizado, trajo consigo el alumbramiento de una serie de teorías y declaraciones, muchas de ellas de acuerdo al conocimiento de la época y otras muy aventuradas, y fuera de contexto.

Es así, como la fantástica hipótesis que el niño no era una momia y que estaba en un estado de “animación suspendida”, y que este hallazgo era el de un niño congelado, por lo tanto, no estaba muerto al momento de ser descubierto, fue la tesis más difundida, emitida por un biólogo español de apellidos García Beltrán. Al respecto de este curioso personaje, no ha sido posible encontrar datos concretos, de quien era este científico español en los archivos académicos chilenos, que suponemos se encontraba en Chile en esos momentos. En nuestras últimas investigaciones hemos logrado localizar en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Guadalajara, una persona que podría ser familiar de este misterioso biólogo español que estaba en Chile en aquellos años, Esto último se esta en trámites de conseguir más referencias sobre esta persona, que sale mencionado en todas las crónicas de la época en Chile. 
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Al respecto, incluso más de algún comentario agregó, que debido al tiempo transcurrido entre el hallazgo y el haber bajado de las alturas el cadáver, sin las precauciones debidas, este acto se podía considerar como un “asesinato” . Se aportaban como pruebas las emanaciones de fluidos corporales y sangre de los oídos del cuerpo, cuando fue traslado de las alturas al Museo que lo adquirió. Se comentaba que el cambio de temperaturas y el remover el cadáver sin precauciones le causo la muerte, todo esto 500 años después de ser enterrado por sus antepasados. También se aludía y comparaba el hecho al descubrimiento de ciertos animales, generalmente pequeñas ranas encontradas en rocas huecas en estado de suspensión vital que luego habrían recobrado vida. En este punto hay que añadir, que al encontrarse otros hallazgos parecidos en la zona del Monte Aconcagua, se había expandido la idea entre algunos estudiosos no académicos que estos niños incas habían sido enterrados 500 años antes por los antiguos incas para “dejar un mensaje para los hombres de ciencia del futuro” 
Esta idea aunque fantástica si se reflexiona un poco, aún hay personas que comparten en cierta forma esta idea pese a nuestro avance tecnológico, con otros conceptos diferentes y más avanzados, pero la medula de la idea principal es la misma. Nos referimos en especial, al tema de los “niños índigos”. Muchos de los análisis de los ADN estudiados a estos niños incas enterrados varios siglos atrás, han sido revisados y analizados, para determinar este registro ancestral y diferencial que dicen los partidarios de esta teoría, con el fin de poder compararlos con estas futuras generaciones de niños actuales “diferentes” que dicen están naciendo.

Lo cierto es que, asesorado y consultados científicos y estudiosos del tema, el ADN de estos niños incas de hace 500 años atrás, no difiere en nada con los niños actuales de esta zona del planeta.

Pero, la mente fértil de algunas personas no se detuvo allí. Se improvisaron expediciones al cerro “El Plomo”, para reiniciar la búsqueda de una de las leyendas más hermosas de la historia amerindia, nos referimos a la existencia de una mítica “Ciudad Perdida de los Incas en los Andes” Es así, como el profesor Richard Schaedel, jefe del centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile de aquellos años 50, planificó una verdadera expedición patrocinada por varias entidades sociales y medios de comunicación de la época. Las crónicas hablan que temperaturas de 3 grados bajo cero, recibieron a nada menos que a 15 sacrificados exploradores en la inhóspita montaña. Todos ellos subieron en búsqueda de esta mítica ciudad inca. La expedición se componía de antropólogos, arqueólogos, un médico y tres guías arrieros, todos se aventuraron en las entrañas de los cerros circundantes donde se había encontrado el niño inca muerto.

La expedición no tuvo suerte en su búsqueda principal, pero sí encontró varias minas de minerales de utilidad en las zonas cercanas al descubrimiento del niño inca. Noticia que fue transmitida por los periodistas de “La Nación” y “Los Tiempos” que también acompañan a los expedicionarios con pesadas máquinas de escribir “Underwood”, abuelas de nuestros modernos ordenadores.

DE VUELTA A LA REALIDAD

Vivir dentro de este mundo mágico de Sudamérica tiene sus ventajas, pero muchas veces te dejas llegar por ese aura fantástico, y debes aterrizar en la realidad, para esto quisimos tomar contacto con las personas actuales que estaban a cargo del niño inca. Hemos recurrido a los estudiosos del tema y nos encontramos con una visión netamente científica, reposada al paso del tiempo, pero también con tintes muy humanos. Nos explicamos.

Luego de solicitar el respectivo permiso por escrito a la señora Maria Elena Ramírez, Directora del Departamento de Arqueología, del Museo de Historia Natural de Santiago, para entrevistar a la persona más cercana al hallazgo, nos referimos a la arqueóloga Eliana Durán, descubrimos que esta funcionaria lleva más de 40 años junto a los restos del niño inca, siendo en estos momentos la funcionaria más antigua del Museo 
La arqueóloga Eliana Duran en la actualidad 
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El primer obstáculo que nos encontramos fue que esta “estrictamente prohibido fotografiar al niño”, más aún, la luz del lugar donde se encuentra, sólo se puede tener encendida máximo dos minutos. Todo esto para conservar el estado del niño inca, que se encuentra dentro de una vitrina especial y que cumple estrictas normas de mantenimientos, para lograr la conservación del cuerpo congelado. La vitrina permanece en unas dependencias del sótano del Museo y hace bastante tiempo que el niño no puede ser exhibido al público en general. Mientras la Sra. Durán nos explicaba todo esto por los interminables y oscuros pasillos del Museo, adivinamos cierto tono de inmenso cariño de la profesional hacía ese niño que cuida durante tantos años pese a su estado congelado. Precisamente, nos confesó que al cabo de los años era como un hijo más para ella, y que trataba de mantenerlo dentro de las mejores condiciones que pueden ofrecer los escasos medios que se dedican en este país a cuidar estas muestras de Patrimonio Cultural. Nuestra impresión al verlo en los escasos minutos que nos permitieron fue de un silencio y respeto especial. Un representante de nuestra cultura inca de hace más de 500 años mostrando todo su esplendor, representando las creencias de la época que les toco vivir.

Las estrictas medidas de conservación se deben a que Santiago esta dentro de las ciudades más contaminadas de Sudamérica y el smog se filtra por todos sitios. Cada seis meses los restos del niño deben ser exhaustivamente revisados, y se aplican implementos antibacterianos para su conservación, incluso permanece a oscuras pues la luz daña la materia orgánica y se trata de evitar cualquier elemento que lo dañe, por esta razón son tan pocas las visitas autorizadas que recibe al respecto.
Nos encaminamos a conversar con otro estudioso que ha tenido la oportunidad de ver y estudiar de cerca al niño inca: Se trata de Mario Castro, doctor en Antropología Biológica y que lleva la subdirección de Bibliotecas de Archivos y Museos, además es profesor de Antropología y Anatomía de la Universidad de Chile.

Nos comenta en nuestra conversación que este sujeto encontrado tendría aproximadamente 500 años de antigüedad, correspondería a la época de la llegada de los españoles a América. No existe una datación radiométrica específica, desconoce las causas. Por el ajuar y el contexto general de la momia se le atribuye el período incaico, pero fecha exacta no la puede concretar. 
Nos menciona que este hallazgo no es el único en la zona del cerro “El Plomo”, nos añade algunos hallazgos similares como el Cerro Ampato en el Perú y la famosa momia de Juanita de Los Andes, que fue llevada a los Estados Unidos.

Aunque nos recalca, que las condiciones del niño inca son excepcionales comparadas con la de estos otros hallazgos., nunca se había encontrado una pieza como si estuviera durmiendo, más que momificado con mucha retracción de los tejidos que se le observa como reseca. Nos agrega que este es un cuerpo que no esta intervenido por el hombre, no hay ningún uso de una técnica especial, aquí el cuerpo se seco naturalmente, con vísceras y todo. El niño fue llevado hacia arriba de la montaña y allí fue depositado en ese santuario. No fue agredido, ni sometido a ninguna acción física para ocasionarle la muerte, muy por el contrario, el niño probablemente fue llevado arriba con delicadeza, se le dio de beber algún brebaje de contenido alcohólico o con el fin de adormecerlo con algún extracto de hierba especial. El niño se durmió en la posición casi fetal, para abrigarse - suponemos menciona el estudioso - que se durmió por el sueño y el frío. Murió de hipotermia. Esa es la causa más razonable para explicar la muerte de este niño, porque las conclusiones de los análisis que se le han realizado a la fecha, demuestran que no tuvo ningún tipo de trauma.

Si entramos en la parte de su camino al santuario - menciona Castro - sus pies estaban llagados, debió ser un largo trayecto que realizó, en un terreno que no tenía condiciones muy adecuadas para el tipo de calzado que usaba.

Respecto a los rumores de los años 1954, atribuidos a un biólogo español de nombre García Beltrán … “que el cuerpo estaba en las funciones vitales suspendidas, por lo tanto, estaba vivo” comparándolo con el sistema de congelamientos que se realizan hoy en día… Nos contesta que esta apreciación probablemente era quizás válida en la época, pero así y todo era muy aventurado. El niño no estaba “suspendido” ni mucho menos, que esto quede claro. El frío de alguna manera actuó para que no se produjera el proceso normal de degradación de los tejidos y se detuvo la putrefacción y el proceso normal de deterioro de un cuerpo, nos agrega con énfasis el estudioso.

ESTUDIOS REALIZADOS

El 7 de septiembre de 2003 se realizó en el hospital un estudio integral interdisciplinario del niño, donde también participaron profesionales de las facultades de Medicina y Ciencias Químicas y Farmacéuticas. Mediante una resonancia nuclear magnética de cuerpo completo y un scanner, se pudo analizar el estado de conservación de los tejidos internos del menor. Asimismo, se hicieron biopsias de hígado, músculo y hueso. También se tomaron muestras de pelo para análisis antidoping que corroboraron que el niño había consumido, tal vez por un largo período, hoja de coca. "Pudimos comprobar el buen estado de salud del niño, con núcleos de crecimiento en pleno desarrollo y carencia de enfermedades o alteraciones. Tampoco había signos de violencia. Era un menor físicamente activo, de buen desarrollo muscular y contextura normal, que falleció por una hipotermia", señaló el profesor Mario Castro, nos agrega que en estos momentos se plantea reunir todos los estudios que existen sin publicar sobre los análisis del cuerpo del niño inca, también se reeditaran otros estudios clásicos al respecto. En el año 1982 se publicaron sólo dos trabajos y nunca por falta de medios se ha podido concretar un trabajo global respecto a este singular caso.

OTRO ANALISIS RECIENTES

El diagnóstico de más antigua data a nivel latinoamericano de triquinosis sería el referido al descubrimiento del profesor Héctor Rodríguez, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quien comprobó que el niño inca del cerro El Plomo presenta una masiva infección por larvas de Trichinella spiralis , el nematodo que causa esta enfermedad. Este hallazgo constituye un verdadero hito científico en la paleoparasitología mundial.

De esta manera se abren nuevas y diferentes interrogantes, dice el especialista, siendo la primera pregunta referida al origen de este parásito en el cuerpo de la momia, "pues, supuestamente, esta llegó al continente con los españoles, a través de ratas o cerdos", señala. Otra duda se dirige a las consecuencias de este mal en el pequeño: "Pudo no haber sido mortal, pero sí haberle producido altísima fiebre y dolores abdominales y musculares, lo que explicaría el que se haya descubierto que masticaba hojas de coca: tienen que haberle proporcionado gran alivio a sus dolores", teoriza el profesor Rodríguez, quien es académico del Programa de Anatomía y Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina.

Este descubrimiento, señala, se basa en los recientes estudios que de esta momia hicieron un conjunto de científicos e investigadores pertenecientes tanto al plantel como al Hospital Clínico de la Universidad de Chile quienes, en septiembre de 2003, sometieron al cuerpo a una serie de análisis, especialmente imagenológicos, a través de resonancias magnéticas y scanner, además de biopsias de músculo y hueso.

"En el laboratorio central de nuestro programa solicité que se procesaran estas muestras mediante las tinciones histológicas habituales pero, además, que se hicieran otras específicas. Y al observarlas al microscopio comprobé que los tejidos muscular y conectivo tienen un alto nivel de conservación, debido a la liofilización que sufrió el cuerpo: esto es, los procesos paralelos de congelación y deshidratación por evaporación, condiciones debidas a las características de altura que se observan en el Cerro El Plomo, entre 5.200 y 5.400 metros por sobre el nivel del mar", explica. Pero al analizar más detenidamente las muestras, descubrió unas estructuras de forma redonda, elíptica, y/o tubulares, con aspecto de quistes intracelulares, que se distribuían dentro de la longitud de la fibra muscular, "y que de acuerdo a mi experiencia como médico veterinario, y de haber visto estudios parasitológicos, pude concluir que eran larvas de Trichinella, probablemente la variedad spiralis, el nematodo que provoca la triquinosis" , señala el profesor Rodríguez.

Para confirmar su diagnosis, el profesor Rodríguez trabajó conjuntamente con la doctora Isabel Noemí, pediatra parasitóloga, y el tecnólogo médico José Luis Cerva, ambos docentes del Campus Oriente de la Facultad de Medicina, quienes confirmaron morfológicamente su teoría en los laboratorios del Hospital Luis Calvo Mackenna.

"Ellos tienen una larga experiencia parasitológica, y utilizaron sueros hiperinmunes con los que reafirmaron mi tesis. Incluso comparamos la cantidad de quistes de estos tejidos con los que tienen ratones de laboratorio infectados artificialmente, y eran muy similares", agrega. Ahora, señala que continuará haciendo estudios para determinar qué variedad de Trichinella fue la que enfermó al niño del Cerro “El Plomo”, pues, dependiendo de esa respuesta, se podrá saber, por ejemplo, si es que era un parásito propio de la región, provenía de otra zona de Latinoamérica o venía de Europa con los conquistadores.

¿Qué fue lo que comió el pequeño y que lo enfermó?

Lo más probable que haya sido cerdo salvaje. Porque esta enfermedad tiene varios vectores por los cuales llega al hombre, pero los más habituales son el cerdo y la rata, al comer su carne cruda o mal cocida. Pero Chile es un país en el que la población de roedores es bastante restringida, y entiendo que los que en la actualidad viven cerca del hombre no existían en esa época en nuestro continente, llegaron con los españoles.

¿En el cuerpo se ven otros síntomas evidentes?

No, e inclusive se encuentra visualmente en buen estado, no se ve desnutrición ni nada. Tiene que haber sido una infección que venía de mucho tiempo.

¿Por qué no se describió antes esta parasitosis, si este niño ha sido estudiado en tres ocasiones?

Creo que fue porque se hicieron análisis de tejido cutáneo y no muscular, quizás para no dañar demasiado el cuerpo. Revisando los informes hechos en los estudios anteriores, se describen todas las características que pudieron pesquisar, como por ejemplo un análisis de contenido intestinal a mediante fecas, del cual se deduce que el niño se alimentaba más que nada de vegetales, pero también de carne, y había algo curioso: al analizar los restos de fibras musculares de la carne ingerida y presentes en las heces, aún se podían observar sus estriaciones intracelulares, o sea estaban muy enteras, lo cual quiere decir que este niño estaba con muy mala digestión o con un cuadro diarreico. Esto se explica porque también hicieron estudios parasitológicos a esas fecas y se encontró Trichuris trichiura, una geohelmintiasis que produce diarrea.

El profesor Rodríguez concluye que, dado el interés que genera el tema, invita a investigadores de las áreas antropológica, parasitológica, pediátrica, histórica y todas las que pudieran hacer un aporte para responder a las inquietudes que plantea su estudio.

Todos estos últimos análisis y comentarios recopilados por nuestra colega Cecilia Valenzuela del periódico “La Nación” van dando nueva luz sobre la vida y la realidad de esta sorprendente hallazgo en un ya lejano año 1954; y que de alguna forma nos va presentando un panorama más esclarecedor de cómo eran nuestros ancestros en esta parte del planeta, como vivían, que comían, sus sufrimientos y creencias,

Un niño inca que mascaba hojas de coca, según las costumbres de la época y que aún perdura hoy en día en muchos lugares de nuestro altiplano, sobre todo en el mundo indígena para aliviar el cansancio y el esfuerzo diario.

Los restos liofilizado de este niño reposan en un sótano oscuro, dentro de una urna de cristal refrigerada, del museo más importante y con tradición de Chile lejos del público en general. Una verdadera reliquia que nos dejo nuestro pasado y que ha vencido el paso del tiempo.

Autor: Raúl Núñez

Agradece: La Nación
(Cecilia Valenzuela)

RECUADRO DE APOYO AL ESCRITO

LAS MOMIAS DE LLULLAILLACO

En Chile constantemente se están encontrando momias y restos artesanales de un pasado de la preconquista española. Muchos de estos hallazgos se pierden entre “pirquineros” que viven de la venta de estos descubrimientos, y aunque se trata de conservar el Patrimonio Cultural que esto implica, estas acciones son poco controladas por las autoridades. Dentro de este panorama, se encontró en el año 1999 unas de las momias mejor conservadas en un volcán de los Andes, su nombre Llullaillaco. El descubrimiento se realizo nada menos que a 6.723 metros de altura, límite justamente entre Chile y Argentina. La localización geográfica es frente a la ciudad de Antofagasta por Chile y Catamarca por Argentina. El hallazgo lo realizó el antropólogo alemán, Johan Reinhardt y llevadas al país vecino para su estudio. Esta acción trajo consigo las suspicacias e hicieron renacer las eternas rencillas entre estos dos países por asuntos fronterizos. Fuentes chilenas decían que las momias tenían que ser devueltas a Chile, pues fueron encontradas en la ladera oeste del Llullaillaco, o bien, que científicos de ambos países participaran en su estudio. 
Dos de las momias estaban perfectamente conservadas a 1,8 metros bajo tierra. Fueron trasladadas para su estudio a la Universidad Católica de Salta. Se trata de averiguar por intermedio de escáner datos de que comieron los niños antes de ser sacrificados, dato primordial para saber si están emparentados entre ellos. 
Su descubridor, Johan Reinhold del Instituto de Montaña de West Virginia (EEUU) ya había tenido la suerte de descubrir la momia denominada “Juanita” o “la dama de Ampato” en el año 1995. Las tres momias descubiertas por el antropólogo alemán, están muy bien conservadas, debido a la congelación extrema y sus órganos internos están prácticamente intactos. Se calcula que los tres niños fueron sacrificados cuando tenían 8 y 14 años, y todo indica que fueron enterrados vivos. Una de las niñas tiene el cráneo modelado como un cono. Los incas a menudo vendaban las cabezas de los niños desde el nacimiento para dar a sus cráneos la forma de las montañas de las que creían que descendían. Esta niña específicamente estaba enterrada envuelta en un tejido amarillo que tiene un elaborado diseño geométrico. Una de las momias tiene la oreja izquierda y parte del hombro quemado por un rayo que le alcanzó cuando ya estaba enterrada, pero el resto de sus órganos están en perfecto estado. Se encontraron 36 estatuillas de oro y plata, así como figuras humanas hechas con conchas marinas, seguramente con el fin de entretención de los niños sacrificados, en el largo camino que les quedaba para encontrarse con sus dioses.

El impero inca, que duró muy poco (unos 90 años) se extendió desde Ecuador, en el norte, hasta el sur de los Andes. Esta cultura se caracterizó por un sistema de economía colectivo más parecido a un sistema comunista que capitalista, siendo considerado por muchos analistas modernos, como el primer estado socialista en Sudamérica. Se desintegró después que su último emperador Atahualpa, nacido a principios del siglo XVI, hijo de Huayna Capac, Inca conquistador y de la Princesa Paccha, hija de Cacha, último Shyri soberano del pueblo de los Quitus, cayó en manos de los españoles.

LA MOMIA DEL MONTE ACONCAGUA

El año 1985 fue encontrada otra momia con las mismas características de las que hemos mencionado en este trabajo. Esta vez unos escaladores argentinos la encontraron a una altura también de unos 5000 metros de altura.
De acuerdo a los estudios realizados en su época por los especialistas chilenos, los cuales tienen mayor experiencia por el constante trabajo que lleva este tipo de descubrimientos, sobre todo en la zona de Arica, donde predominaba la cultura denominada Chinchorro, “el enterramiento de estas momias y la similitud de altura de estas”, no es coincidencia, sino que obedece a un conocimiento científico de los incas de hace más de 500 años, puesto que a los cinco mil metros por sobre el nivel del mar, se encuentra la temperatura ideal para conservar los cadáveres sin que se descompongan ni sufran un frío más intenso que las podría deteriorar si se les sepultara a mayor altura 
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El camino del Inca, ruta que aún perdura, esta plagada de jeroglíficos dibujados en las montañas de la zona, que hacen alusión a la vida diaria de este pueblo y sus largas rutas comerciales, y de ritos trascendentes, las cuales señalaban con “tambos” (construcciones artesanales a orillas de los caminos en el desierto) que eran indicativos también de lugar de hospedaje y resguardarse del mal tiempo en épocas difíciles. Extrañamente estas construcciones tienen mucho en común, con algunas del antiguo Tibet (Obos), en la trascendencia entre la vida y la muerte que también trataban de representar construcciones muy similares y que aún hoy en día se pueden ver a las orillas de los caminos, donde el viajante deja siempre una ofrenda para los espíritus buenos y positivos. Estos “tambos” en Chile son y siguen siendo primordiales para ciertos oficios ritualistas, de recuerdos a almas perdidas, y por donde pasaban las familias incas a entregar estos niños a sus dioses en la montaña 

sábado, 7 de febrero de 2015

San Mateo fue un publicano (recaudador de impuestos) en Cafarnaum durante el reino de César Augusto. Él no era de los viejos publicanos sino un contratado por el gobierno local para recaudar impuestos. En el año 60 D.C., Boadicea, reina de la Inglaterra Oriental, dirigió una revuelta que puede ser atribuída a corruptos recaudadores de impuestos en las islas británicas. Se afirma que su revuelta ocasionó la muerte de todos los soldados romanos en cien kilómetros a la redonda, ocupó Londres y ocasionó más de 80,000 muertos. La Reina pudo reclutar un ejercito de 230,000 hombres. La revuelta fue aplastada por el Emperador Nerón, y ocasionó el nombramiento de nuevos administradores para las Islas Británicas.

EGIPTO
Durante los varios reinos de los faraones egipcios, los recaudadores de impuestos eran conocidos como escribasAdemás de saber escribir, tenían que conocer las leyes y tener las suficientes nociones de aritmética para poder calcular exactitud los impuestos, ya que esa cuestión también les correspondía


 .En un  período los escribas impusieron un impuesto en el aceite de cocina. Para asegurarse de que los ciudadanos no estaban burlando el impuesto, los escribas auditaban las cantidades apropiadas de aceite de cocina que eran consumidas, y que los ciudadanos no estaban usando residuos generados por otros procesos  de cocina como sustitutos para el aceite gravado.

   
GRECIA 

En tiempos de Guerra los atenienses creaban un impuesto conocido como eisfora. Nadie estaba exento del impuesto, que era usado para pagar gastos especiales de guerra. Los griegos fueron  una de las pocas sociedades capaces de rescindir el impuesto una vez que la emergencia de guerra había pasado. Cuando por el esfuerzo de guerra se generaban ingresos adicionales, los recursos eran utilizados para devolver el impuesto.   
Atenas imponía un impuesto mensual de censo a los extranjeros-gente que no tenían madre y padre atenienses- de un dracma para hombres y medio dracma para mujeres. El impuesto era llamado metoikion.   
IMPERIO ROMANO
Los primeros impuestos en Roma fueron derechos de aduana de importación y exportación llamados portoria.
César Augusto fue considerado por muchos como el más brillante estratega fiscal del Imperio Romano.  Durante su gobierno como “Primer Ciudadano”, los publicanos fueron virtualmente eliminados como recaudadores de impuestos por el gobierno central. Durante este período se dio a las ciudades la responsabilidad de recaudar impuestos.  César Augusto instituyó un impuesto sobre la herencia a fin de proveer fondos de retiro para los militares.  El impuesto era de 5% para todas las herencias, exceptuando donaciones para hijos y esposas. 
Los ingleses y holandeses se referían al impuesto de Augusto sobre la herencia para desarrollar sus propios impuestos sobre herencias. 
Durante el tiempo de Julio César se impuso un impuesto de un uno por ciento sobre las ventas. Durante el tiempo de César Augusto el impuesto sobre las ventas era de un 4% y de un 1% para todo lo demás.
San Mateo fue un publicano (recaudador de impuestos) en Cafarnaum durante el reino de César Augusto. Él no era de los viejos publicanos sino un contratado por el gobierno local para recaudar impuestos.
En el año 60 D.C., Boadicea, reina de la Inglaterra Oriental, dirigió una revuelta que puede ser atribuída a corruptos recaudadores de impuestos en las islas británicas. Se afirma que su revuelta ocasionó la muerte de todos los soldados romanos en cien kilómetros a la redonda, ocupó Londres y ocasionó más de 80,000 muertos. La Reina pudo reclutar un ejercito de 230,000 hombres. La revuelta fue aplastada por el Emperador Nerón, y ocasionó el nombramiento de nuevos administradores para las Islas Británicas.    
GRAN BRETAÑA
El primer impuesto comprobado en Inglaterra tuvo lugar durante la ocupación por el Imperio Romano.
Lady Godiva

La Sra. Godiva fue una mujer anglosajona que vivió en Inglaterra durante el siglo XI. 
De acuerdo con la leyenda, el esposo de la Sra. Godiva, Leofric, Barón de Mercia, prometió reducir los altos impuestos que había establecido sobre los residentes de Coventry, cuando ella accedió a cabalgar desnuda por las calles de la ciudad.


Cuando cayó Roma, los reyes sajones impusieron impuestos, conocidos como Danegeld, sobre tierras y propiedades. 
 Los reyes impusieron asimismo sustanciales derechos de aduana.  
La Guerra de los cien
 años (el conflicto entre Inglaterra y Francia) comenzó en 1337 y terminó en 1453. Uno de los factores claves que renovó la lucha en 1369 fue la rebelión de los nobles de Aquitania contra las opresivas políticas fiscales de Edward, El Príncipe Negro. 
Los impuestos durante el siglo XIV eran muy progresistas. La encuesta sobre el impuesto de 1377 mostró que el impuesto sobre el Duque de Lancaster era 520 veces mayor que el que gravaba al campesino corriente.   
Bajo los primeros esquemas fiscales se impusieron impuestos a los acaudalados, los que tenían cargos públicos, y el clero. Se gravó a los comerciantes con un impuesto sobre los bienes muebles. Los pobres pagaban poco o ningún impuesto.
Carlos I fue finalmente acusado de traición, y decapitado. Sin embargo, sus problemas con el Parlamento resultaron a causa de un desacuerdo, en 1629, sobre los derechos de imponer impuestos otorgados al Rey y los otorgados al Parlamento. 
El mandato real establecía que a los individuos se les gravaría de acuerdo con su posición y recursos. De ahí que la idea de impuesto progresivo sobre los que tenían capacidad para pagar se desarrolló muy temprano.  
Otros impuestos notables impuestos durante este período fueron los de la tierra y otros diversos sobre consumo. Para pagar al ejercito mandado por Oliver Cromwell, el Parlamento, en 1643, impuso impuestos sobre consumo de artículos esenciales (granos, carnes, etc.) Los impuestos por el Parlamento allegaron aun más fondos que los impuestos por Carlos I, especialmente de los pobres.  El impuesto sobre el consumo fue muy regresivo, pesando tanto sobre los pobres que ocasionó los motines de Smithfield en 1647. Los disturbios ocurrieron porque los nuevos impuestos disminuyeron la capacidad que tenían los trabajadores rurales de comprar trigo, al extremo de que una familia de cuatro moriría de inanición. Además del impuesto sobre consumo, fueron cercadas las tierras comunes usadas por los campesinos para cazar, y les fue prohibido   hacerlo. (¡Viva Robin Hood!) 
   
El precursor del impuesto moderno que hoy conocemos, fue creado por los británicos en 1800, para financiar la guerra contra Napoleón. El impuesto fue abolido en 1816, y sus oponentes, que pensaban que sólo debía ser usado para financiar guerras, querían que todos los informes sobre el impuesto fueran destruídos, junto con su abolición.  Los informes fueron quemados públicamente por el Secretario del Tesoro, pero se conservaron copias en los sótanos del Tribunal de Impuestos.  
AMERICA COLONIAL
L:os colonos pagaban impuestos según  la Ley de Melados, que fue modificada en 1764 para incluír derechos de importación sobre melados extranjeros, azúcar, vino, y otros artículos. La nueva legislación fue conocida como Ley del Azúcar. 
Debido a que la Ley del Azúcar no rendía cantidades sustanciales de ingresos, se añadió la Ley del Timbre de 1765.  La Ley del Timbre imponía impuesto directo sobre todos los periódicos impresos en las colonias  y la mayoría de los documentos comerciales y legales.

AMERICA POST REVOLUCIONARIA
En 1794, colonos al occidente de las Alleghenies, en oposición al impuesto de 1791 sobre consumo, de Alexander Hamilton ,  comenzaron lo que es ahora conocida como “La Rebelión del Whiskey”, un impuesto sobre consumo que era considerado discriminatorio y los colonos se rebelaron contra los recaudadores de impuestos. Eventualmente el Presidente Washington envió tropas para extinguir los motines. Aunque dos colonos fueron condenados por traición, el Presidente les concedió perdón.

En 1798 el Congreso                          
promulgó el Impuesto sobre la Propiedad, para pagar la expansión del Ejército y la Marina en caso de una posible guerra con Francia. El mismo año, John Fries comenzó lo que es conocido como “La Rebelión de Fries”, en oposición al nuevo impuesto. Nadie resultó herido o muerto en la insurrección y Fries fue arrestado por traición, pero fue eventualmente perdonado por el Presidente Adams en 1800. Sorprende el hecho de que Fries fue el líder de una unidad de milicias llamada para suprimir la “Rebelión del Whiskey”. 
Fue en 1812 que se sugirió el primer impuesto en Estados Unidos. El impuesto estaba basado en la Ley Británica de Impuestos de 1798 y aplicaba tasas progresivas a los ingresos. Las tasas eran de .08% en ingresos superiores a 60 libras esterlinas, y 10% en ingresos superiores a 200 libras esterlinas. El impuesto se elaboró en 1814, pero nunca se impuso, porque el Tratado de Ghent fue firmado en 1815, terminando las hostilidades y la necesidad de ingresos adicionales.     
La ley de impuestos de 1861 proponía que “se gravará, recaudará y pagará, sobre el ingreso anual de todas las personas residentes de Estados Unidos, que se derive de cualquier tipo de propiedad, ocupación profesional, empleo, o vocación efectuada en Estados Unidos o cualquier otro lugar, o de cualquier otra fuente.”
La Ley de Impuestos de 1861 fue aprobada, pero nunca implementada. Las tasas según la ley eran de 3% sobre ingresos de más de $800.00, y de 5% sobre individuos viviendo fuera de Estados Unidos. 
La Ley de Impuestos fue aprobada y firmada por el Presidente Lincoln en Julio 1o de 1862. Las tasas eran de 3% sobre ingresos mayores de $600.00 y de 5% sobre ingresos mayores de $10,000.00. La renta o valor de renta de su hogar podía ser deducida de los ingresos para  determinar la obligación tributaria. El Comisionado de Impuestos declaró “El pueblo de este país lo ha aceptado con júbilo, para afrontar una exigencia temporal, y no ha provocado serias quejas en esta Administración”. La aceptación fue debida mayormente debido a la necesidad de ingresos para financiar la guerra civil.    
Aunque la gente aceptó el impuesto de buena gana, no fue alto su cumplimiento. Las cifras dadas después de la guerra civil, indicaban que 276,661 personas llenaron en realidad las declaraciones de impuestos en 1870, (el año que tuvo más declaraciones), cuando la población del país era de aproximadamente 38 millones.
La ley de impuestos de 1864 fue aprobada para allegar ingresos adicionales en apoyo de la guerra civil. 
El Senador Garret Davis, al comentar el principio guía de los impuestos, mencionó el “reconocimiento de la idea de que los impuestos deben ser pagados de acuerdo con la capacidad de la persona para pagar”. 
La tasa de impuestos para la Ley de Impuestos de 1864 era de 5% para ingresos entre $600.00 y $5,000.00, 7.5% para ingresos entre $5001.00 y $10,000, y de 10% para ingresos mayores de $10,000.00.  La deducción de renta o valor de renta fue limitada a $200.00. Se permitió una deducción para reparaciones. 
Con el final de la guerra civil, la aceptación placentera de los impuestos se desvaneció. La ley de impuestos de 1764 fue modificada después de la guerra. Las tasas fueron cambiadas a un 5% fijo con la cifra de exención elevada a $1,000.00. Se hicieron algunas tentativas para hacer permanente el impuesto, pero para 1869  “no había hombre de negocios que pudiera pasar el día sin sufrir de esas cargas” (The Times). De 1870 a 1872 la tasa era un 2.5% fijo y la cifra de exención se elevó a $2,000.00.      
El impuesto fue derogado en 1872 y en su lugar fueron establecidas significativas restricciónes de tarifas que fungieron como la mayor fuente de ingresos para los Estados hasta 1913. En 1913 se aprobó la décimo sexta enmienda, que concedía autoridad al Congreso para gravar los ingresos de la ciudadanía derivadas de cualquier fuente.    
Debe notarse que la Ley de Impuestos de 1864 fue cuestionada varias veces. El Tribunal Supremo unánimemente apoyó el impuesto. Después de la guerra el impuesto fue declarado inconstitucional por el mismo Tribunal, porque representaba un impuesto directo sobre el ciudadano, que no estaba permitido según la Constitución.
1930s
Durante los 1930, los impuestos federales individuales nunca fueron mayores del 1.4% del PDB . Los impuestos a las corporaciones nunca fueron más del 1.6 % del PDB. En 1990, esos mismos impuestos eran 8.77 y 1.9% del PDB respectivamente.   
Cambios en el Impuesto de Seguridad Social
He aquí alguna información interesante sobre la Ley de Contribuciones de la Seguridad Federal (FICA). Gracias a Harold Eyer por señalar este sitio.
Hojas sobre hechos: Impuestos 
Historia del Sistema de Impuestos de Estados Unidos.
Los sistemas de impuestos federales, estatales y locales se han señalado por cambios significativos al paso de los años, en respuesta a circunstancias cambiantes y a cambios en el papel del Gobierno. El tipo de impuestos recaudados, sus proporciones relativas, y la magnitud de los ingresos recaudados son todos muy diferentes de lo que eran hace 50 o 100 años. Algunos de esos cambios podían vincularse a eventos históricos específicos, tales como la guerra o la aprobación de la Décimo Sexta Enmienda de la Constitución, que otorgaba al congreso el poder de gravar con un impuesto el ingreso personal. Otros cambios fueron más graduales, respondiendo a cambios en la sociedad, en nuestra economía, y los papeles y responsabilidades que el gobierno se ha atribuído.       
Tiempos coloniales
Por la mayor parte de la historia de nuestra nación, los contribuyentes individuales raramente han tenido algún contacto significativo con las autoridades fiscales federales, ya que los más de los ingresos fiscales del gobierno federal se derivaban de impuestos sobre consumo, tarifas, y derechos de aduana. Antes de la guerra revolucionaria, el gobierno colonial tenía sólo una necesidad limitada de ingresos, puesto que cada una de las colonias tenía mayores responsabilidades y por lo tanto más necesidades de ingresos, las que afrontaban con distintos tipos de impuestos. Por ejemplo, las colonias sureñas gravaban principalmente las importaciones y exportaciones, las colonias del centro a veces imponían un impuesto sobre la propiedad  y uno “por cabeza” o impuesto censual, gravando a cada varón adulto, y las colonias de Nueva Inglaterra recaudaban ingresos principalmente a través de impuestos sobre bienes inmuebles, impuesto sobre consumo, e impuestos basados en la ocupación.      
La necesidad que tuvo Inglaterra de pagar sus guerras con Francia la condujo a imponer una serie de impuestos sobre las colonias americanas. En 1765, el Parlamento inglés aprobó la Ley del Timbre, que fue el primer impuesto gravando directamente a las colonias americanas, y después el Parlamento impuso un impuesto al té. Aunque los colonos estaban forzados a pagar esos impuestos, carecían de representación en el Parlamento Inglés. Esto condujo al grito de movilización de la Revolución Americana – “Impuestos sin representación es tiranía” y estableció una preocupación persistente en cuanto a impuestos como parte de la cultura americana.      
La era post revolucionaria.
Los artículos de la Confederación, aprobados en 1781, reflejaban el temor Americano a un gobierno central fuerte, y por tanto retuvieron mucho del poder político en los Estados. El Gobierno Nacional tiene pocas responsabilidades, y carece de sistema de impuestos nacional,   basándose en  aportaciones de los Estados para sus ingresos. Bajo esos artículos, cada Estado era un entidad soberana y podía gravar impuestos como quisiese.      
Cuando la Constitución fue adoptada en 1789, los padres fundadores reconocieron que ningún gobierno podía funcionar si dependía completamente de otros gobiernos. Para sus recursos, pues, se concedió autoridad al Gobierno Federal de establecer impuestos. La Constitución dotó al Congreso con el poder de “establecer y recaudar impuestos, derechos, impuestos sobre consumo, pagar deudas y proveer a la defensa y bienestar general de Estados Unidos”. Siempre en guardia contra el poder del Gobierno Central para eclipsar el poder de los Estados, la recaudación de impuestos quedó como responsabilidad de los gobiernos estatales.       
Para pagar las deudas de la Guerra revolucionaria, el Congreso estableció impuestos sobre consumo de licores destilados, tabaco y rapé, azúcar refinada, carruajes, propiedad vendida en subastas, y diversos docmentos legales. Aún en los primeros días de la República, sin embargo, los propósitos sociales influyeron sobre lo que sería gravado. Por ejemplo, Pennsylvania decretó un impuesto de consumo “para restringir su uso inmoderado a personas de bajas circunstancias”. Los dueños de propiedades dieron apoyo adicional a ese impuesto específico, pues esperaban así mantener a bajo nivel las tasas de impuestos a la propiedad, ofreciendo un ejemplo temprano de las tensiones políticas que subyacen las decisiones sobre política de impuestos.     
Aunque las políticas sociales a veces gobernaron el curso de las políticas fiscales aun en los  días tempranos de la República, la naturaleza de esas políticas no se extendieron a la recaudación de impuestos a fin de igualar ingresos y fortunas, o con el propósito de redistribuir ingresos o fortuna. Según escribió Thomas Jefferson refiriéndose a la cláusula del “bienestar general”:   
Tomar de alguien, porque se piensa  que su propia industria y la de su padre han adquirido demasiado, a fin de salvar para otros (o sus padres) que no ejercieron la misma industria y habilidad, es violar arbitrariamente el primer principio de la asociación, “garantizar a todos un ejercicio libre de su industria y los frutos por ella adquiridos”.   
Con el establecimiento de la nueva nación, los ciudadanos de las varias colonias tenían ahora una adecuada representación democrática, sin embargo muchos americanos aún se oponían y resistían impuestos que estimaban injustos o impropios. En 1794, un grupo de granjeros del suroeste de Pennsylvania se opuso físicamente al impuesto del whiskey, forzando al Presidente Washington a enviar tropas federales para extinguir la  rebelión del whisky, estableciendo así el importante precedente de que el gobierno federal estaba decidido a imponer sus leyes fiscales. La rebelión del whisky también confirmó, sin embargo, que la resistencia a impuestos injustos o más altos, que condujo a la declaración de independencia, no se evaporaba con la formación de un gobierno nuevo, representativo.   
El gobierno federal impuso los primeros impuestos directos en los propietarios de casas, tierras, esclavos, y haciendas. Estos impuestos eran llamados directos porque son impuestos recurrentes pagados directamente al gobierno por el contribuyente, basado en el valor del artículo que es la razón del impuesto.. El tema de los impuestos directos, en oposición a los indirectos, jugó un papel crucial en la evolución de la política de impuesto federal en los años siguientes. Cuando Thomas Jefferson fue electo presidente en 1802, los impuestos directos fueron abolidos y por los siguientes 10 años no hubo impuestos de ingresos internos más que los impuestos sobre consumo.    
Para allegar dineros para la guerra de 1812, el Congreso impuso impuestos adicionales sobre consumo, elevó ciertos derechos aduanales, y allegó fondos mediante la emisión de bonos de tesorería. En 1918 el Congreso abolió esos impuestos y por los siguientes 44 años el Gobierno Federal no recaudó ingresos internos. En su lugar, el Gobierno recibió los más de sus ingresos a través de altos derechos de aduana y la venta de tierras públicas.       
La Guerra Civil.
Cuando estalló la Guerra Civil, el Congreso aprobó la Ley de Ingresos de 1861, que restauró anteriores impuestos sobre consumo e impuso impuestos sobre ingresos personales. El impuesto dispuso un gravamen de 3% sobre todos los ingresos superiores a $800.00 al año. Este impuesto sobre ingreso personal fue una nueva dirección para un sistema de impuesto federal basado principalmente en impuestos sobre consumos y derechos de aduana. Ciertas inconveniencias del impuesto fueron rápidamente reconocidas por el Congreso y por tanto ninguno fue recaudado hasta el año siguiente.       
Hacia la primavera de 1862 se hizo claro que la guerra no terminaría rápidamente y con la deuda de la Unión aumentando a un ritmo de $2 millones diarios, fue igualmente claro que el Gobierno Federal necesitaría ingresos adicionales. En Julio 1, 1862, el Congreso aprobó nuevos impuestos sobre consumo en artículos como juegos de naipes, pólvora para armas, plumas, telegramas, hierro, cuero, pianos, yates, mesas de billar, drogas, medicinas de patentes, y whisky. Muchos documentos legales fueron también gravados, y se cobraron derechos de licencia sobre casi todas las profesiones y ocupaciones.      
La ley de 1862 hizo también importantes reformas al impuesto federal sobre ingresos, que presagiaron rasgos importantes del impuesto actual. Por ejemplo, se legisló una estructura de dos niveles, con tasas de gravamen de 3% sobre ingresos de hasta $10,000.00, e ingresos mayores gravados a un 5%. Se aprobó una deducción normal de $600.00 y una variedad de deducciones fueron hechas adecuadas a cosas como rentas de alquiler, reparaciones, pérdidas, y otros impuestos pagados. Además, a fin de asegurar una recaudación puntual, los impuestos fueron “retenidos en la fuente” por los empleadores.       
La necesidad de ingresos federales declinó rápidamente después de la guerra, y la mayoría de los impuestos fue abolida. Hacia 1868, la fuente principal de ingresos gubernamentales se derivaba de los impuestos sobre alcohol y tabaco. El impuesto sobre ingresos fue abolido en 1872. De 1868 a 1913, casi el 90% de todos los ingresos se recaudaba de los impuestos de consumo todavía vigentes.    
La Enmienda 16.
De acuerdo con la Constitución, el Congreso sólo podía gravar con impuestos directos si eran decretados en proporción a la población de cada Estado. De tal manera que cuando un impuesto federal uniforme fue promulgado en 1894, fue inmediatamente impugnado y en 1895 el Tribunal Supremo lo declaró inconstitucional, porque era un impuesto directo no proporcionado de acuerdo a la población de cada Estado.   
Careciendo de los fondos de un impuesto sobre ingresos y con rígida resistencia contra toda  otra forma de impuestos internos, desde 1896 hasta 1910 el Gobierno Federal dependía fuertemente de altas tarifas para sus recaudaciones. La Ley de Ingresos de Guerra de 1899 trató de levantar fondos para la Guerra Hispano-Americana mediante la venta de bonos, impuestos sobre instalaciones de recreo usadas por los obreros, y prodigó impuestos sobre la cerveza y el tabaco. Inclusive se creó un impuesto para la goma de mascar. La ley expiró en 1902, de manera que las entradas  de impuestos federales descendieron de un 1.7% a un 1.3% del PDB.    
Mientras que La Ley de Ingresos de Guerra volvió a fuentes tradicionales de ingresos de acuerdo con la decisión de 1895 del Tribunal Supremo en cuanto a impuesto sobre ingresos,  el debate sobre fuentes alternativas de ingresos se mantuvo intenso. La nación se hacía crecientemente consciente de que las altas tarifas e impuestos sobre consumo no eran política económica sana y frecuentemente gravaban desproporcionalmente a los  menos favorecidos. Se presentaron propuestas por congresistas de áreas rurales para reinstaurar el impuesto sobre ingresos, pues sus electores temían un impuesto federal sobre las propiedades, especialmente sobre la tierra, como reemplazo por los impuestos sobre consumo.     
Eventualmente el debate sobre el impuesto a ingresos enfrentó a congresistas del sur y del oeste, representando áreas mayormente agrícolas y rurales contra el industrial noreste. El debate produjo un acuerdo que pedía un impuesto, llamado impuesto al consumo, que se impondría a los ingresos  de los negocios, y una enmienda constitucional que permitiera al Gobierno Federal gravar con impuestos los legítimos ingresos individuales, independientemente de la población de cada Estado.         
Hacia 1913, 36 Estados habían ratificado la Enmienda Constitucional 16. En Octubre el Congreso aprobó un nuevo impuesto sobre ingresos con tasas comenzando por un 1% y subiendo hasta un 7% para contribuyentes con ingresos que excedieran $500,000.00. Menos de un 1% de la población pagaba impuesto sobre ingresos por aquel entonces. El modelo 1040 fue establecido como la declaración normal de impuestos que, aunque cambiada en muchas formas a través de los años, permanece en uso hoy día.    
Uno de los problemas con la ley de impuesto sobre ingresos fue cómo definir ingreso “legítimo”. El Congreso resolvió este problema enmendando la ley en 1916 y suprimiendo la palabra “legítimo” al definir ingresos. Como resultado, todos los ingresos estaban sujeto a gravamen, aunque fuera obtenido por medios ilegales. Algunos años después el Tribunal Supremo declaró que la quinta enmienda no podía ser usada por contrabandistas y otros que derivaban ingresos con actividades ilegales, a fin de eludir el pago de impuestos. En consecuencia, muchos que infringieron varias leyes asociadas con actividades ilícitas, y pudieron escapara a la justicia por esos crímenes, fueron encarcelados por evasión de impuestos.    
Con anterioridad a la promulgación del impuesto sobre ingresos, muchos ciudadanos pudieron proseguir sus asuntos financieros sin conocimiento directo del Gobierno. Individuos ganaban sus salarios, los negocios ganaban sus utilidades, y la fortuna era acumulada o gastada con poca o ninguna interacción con entidades gubernamentales. El impuesto sobre ingresos cambió fundamentalmente esta relación, dando al Gobierno el derecho y la necesidad de conocer todas las formas de la vida económica de individuos o negocios. El Congreso reconoció la inherente intromisión del impuesto sobre ingresos en los asuntos personales de los contribuyentes y así, en 1916, proveyó a los ciudadanos con algún grado de protección, al requerir que la información de impuestos sobre ingresos fuera mantenida confidencial.   
La primera guerra mundial y los 1920s.
La entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial incrementó grandemente la necesidad de ingresos y el Congreso respondió aprobando la Ley de Ingresos de 1916.  La Ley de 1916 aumentó la menor tasa de impuestos de un 1 a un 2 por ciento, y elevó la tasa mayor al quince por ciento en contribuyentes con ingresos de más de $1.5 millones de dólares. La ley de 1916 también impuso gravámenes en haciendas y ganacias comerciales excesivas.  
Impulsado por la Guerra y mayormente financiado por el Nuevo impuesto sobre ingresos, hacia 1917 el Presupuesto Federal era casi igual al presupuesto total de todos los años entre 1791 y 1916. Con necesidad de aún mas ingresos, la Ley de Ingresos de Guerra disminuyó las exenciones y aumentó grandemente las tasas de impuestos. En 1916, un contribuyente necesitaba un ingreso gravable de $1.5 millones para pagar una tasa de 15%. Hacia 1917, un contribuyente con sólo $40,000.00  afrontaba una tasa de 16% y el individuo con $1.5  millones . afrontaba una tasa de impuestos de 67%.     
Otra ley sobre ingresos fue aprobada en 1918, que una vez más aumentó los impuestos, esta vez elevando la tasa más baja hasta un 6%, y la más alta a un 77%. Estos cambios aumentaron el ingreso de $716 millones en 1916 a 3,600 millones en 1918, que representaba alrededor de un 25%  del PDB. Sin embargo, aún en 1918, sólo un cinco por ciento de la población pagaba impuestos sobre ingresos, y aún así el impuesto sobre ingresos cubría una tercera parte del costo de la guerra.    
La economía floreció durante los 1920s, a lo que siguieron recaudaciones crecientes del impuesto sobre ingresos. Esto permitió al Congreso disminuir los impuestos cinco veces, finalmente regresando a la tasa menor de un 1% y a disminuyendo la mayor a un 25%, reduciendo la carga del Presupuesto Federal como parte del PDB a un trece por ciento. Al disminuir las tasas de gravámenes, y declinar las recaudaciones de impuestos, la economías se fortaleció aún más.    
En Octubre de 1929 el desplome del mercado de valores marcó el inicio de la gran depresión.  A, reducirse la economía, se redujeron también los ingresos del Gobierno. En 1932 el Gobierno Federal recaudó sólo $1.900 millones, comparado con $6.600 millones en 1920. Ante los crecientes déficits presupuestales, que alcanzaron $2,700 millones en 1931, el Congreso siguió la prevaleciente sabiduría económica  de ese tiempo, y aprobó la Ley de Impuestos de 1932, que aumentó dramáticamente las tasas de impuestos una vez más. Esto fue seguido de otro aumento de impuestos en 1936 que mejoró nuevamente las finanzas gubernamentales a tiempo que debilitaba más la economía. Hacia 1936 la tasa de impuestos más baja había alcanzado un 4% y la máxima hasta un 79%. En 1939 el Gobierno codificó sistemáticamente las leyes de impuestos de forma que todas las subsiguientes legislaciones impositivas hasta 1954 enmendaron ese código básico. La combinación de una economía deprimida y los repetidos aumentos de impuestos elevaron la carga de impuestos gubernamentales a un 6.8% del PDB hacia 1940.        
El Impuesto de Seguridad Social 
El estado de la economía durante La Gran Depresión condujo en 1935 a la aprobación de la Ley de Seguridad Social. La ley proveía pagos conocidos como “compensación por desempleo”, a los trabajadores que hubieran perdido sus trabajos. Otras secciones de la ley daban ayuda pública a los ancianos, los necesitados, los incapacitados y a ciertos menores. Estos programas fueron financiados por un impuesto de 2%, mitad del cual sería deducido directamente del pago del empleado y la otra mitad recaudado de los empleadores a favor de los empleados. Este impuesto era recaudado de los primeros $3,000 del salario o sueldo del empleado.
La Segunda Guerra Mundial      
Aún antes de que Estados Unidos entrará en la Segunda Guerra Mundial, los crecientes gastos para la defensa y la necesidad de dineros para ayudar a los oponentes a la agresión del Eje, condujo a la aprobación en 1940  de dos leyes de impuestos que aumentaron los impuestos personales y de corporaciones, a las que siguió un nuevo aumento de impuestos en 1941. Hacia el fin de la guerra, la naturaleza del impuesto sobre ingresos había sido cambiada fundamentalmente. La reducción en los niveles de exención significaba que los contribuyentes con ingresos gravados de sólo $500.00 tenian la más baja tasa de impuestos de un 23%, mientras que contribuyentes con ingresos de más de $1 millón afrontaban una tasa de un 94%. Esos cambios de impuestos  aumentaron las recaudaciones de $8,700 millones en 1941 a $45,200 millones en 1945. Aun con una economía estimulada por la producción de tiempos de guerra, los impuestos federales como parte del PDB crecieron de un 7.6% en 1941 a un 20.4% en 1945. Más allá de las tasas y recaudaciones, sin embargo, otro aspecto que cambió en el impuesto sobre ingresos fue el aumento en el número de contribuyentes de 4 millones en 1939 a 43 millones en 1945.    
Otro rasgo importante que cambió en el impuesto sobre ingresos fue la vuelta a la retención de ese impuesto como se había hecho en la Guerra Civil. Esto facilitó grandemente la recaudación del impuesto tanto para el contribuyente como para la Oficina de Ingresos Internos. Sin embargo, también redujo grandemente la percepción del contribuyente de la cantidad de impuesto que estaba siendo recaudada, es decir, redujo la transparencia del impuesto, lo que facilitó aumentar impuestos en el futuro.     
Desenvolvimientos después de la Segunda Guerra Mundial.
Las rebajas de impuestos que siguieron a la Guerra redujeron la carga de impuestos federales,  como proporción del PDB, de un máximo de 20.9% en 1944 a un 14.4% en 1950. Sin embargo, la Guerra de Corea creó una necesidad de ingresos adicionales que, combinada con la extensión de la cobertura de la Seguridad Social a personas autoempleadas, significó que para 1952 la carga de impuestos había regresado a un 19.0% del PDB.
En 1953 la Oficina de Recaudaciones Internas recibió un nuevo nombre: Servicio de Recaudaciones Internas (IRS). El nuevo nombre fue escogido para enfatizar el aspecto de servicio de su trabajo. Para 1959, el IRS se había convertido en la organización de contabilidad, recaudación y procesamiento de declaraciones más grande del mundo. Se introdujeron computadores para automatizar y hacer más eficiente su trabajo y para mejorar el servicio a los contribuyentes. En 1961 el Congreso aprobó una ley requiriendo que los contribuyentes individuales usaran su número de seguridad social como una forma de identificar su declaración de impuestos. Para 1967, todas las declaraciones de impuestos personales y de negocios se procesaban por medio de computadores, y para los últimos 1960s el IRS había desarrollado un método computadorizado para seleccionar las declaraciones de impuestos que debían ser examinadas. Esto hizo que la selección de declaraciones para ser auditadas fueran más justas para el contribuyente y permitió al IRS enfocar sus recursos de auditoría sobre aquellas declaraciones con más probabilidad de ser auditadas.
A través de los 1950s, la política de impuestos fue crecientemente vista como un instrumento para aumentar las recaudaciones y cambiar los incentivos en la economía, pero también como herramienta para estabilizar la actividad de la macroeconomía. La economía permaneció como objeto de ciclos de auge y desplome y muchos políticos aceptaron sin reparos la nueva política económica de aumentar o disminuir los impuestos y gastos para ajustar la demanda agregada y asi suavizar  el ciclo de negocios. Áun así, sin embargo, la máxima tasa de interés en 1954 permaneció a un 87% de impuesto sobre ingresos. A tiempo que el impuesto sobre ingresos experimentó algún tipo de revisión o enmienda, casi todos los años, desde la gran reorganización de 1954, algunos años marcaron cambios significativos. Por ejemplo, la Ley de Reforma de Impuestos de 1969 redujo las tasas de impuesto sobre ingresos para individuos y fundaciones privadas.                     
Comenzando en los finales de los 1960s., y continuando a través de los 1970s., Estados Unidos experimentó persistentes y crecientes tasas de inflación, llegando últimamente a un 13.3% en 1979. La inflación tiene un efecto destructor en muchos aspectos de la economía, pero también puede crear caos en un sistema de impuestos sobre ingresos, a menos que se tomen precauciones adecuadas. Específicamente, a menos que las coordenadas del sistema de impuestos, es decir, los niveles impositivos y sus exenciones determinadas, deducciones y créditos, sean reguladas para la inflación, un alza continua del nivel de precios moverá a los contribuyentes a más altos niveles de contribución al reducir los valores de sus exenciones y deducciones.    
Durante este tiempo los impuestos sobre ingresos no tenían regulados los indices de inflación y, movidos por una inflación creciente, y a pesar de repetidas leyes de disminución de impuestos, la carga de impuestos se elevó de un 19.4% del PDB a un 20.8% del PDB. Combinados con altas tasas de impuestos, inflación creciente, y una pesada carga regulatoria, esta alta carga de impuestos causó que la economía disminuyera seriamente su actuación, todo lo cual creó las bases para la rebaja de impuestos de Reagan, también conocida como La Ley de Recuperación Económica de 1981.      
La rebaja de impuestos de Reagan. 
La Ley de Recuperación Económica de 1981, que disfrutó de fuerte apoyo bipartidista en el Congreso, representó un cambio fundamental en el curso de la política federal de impuesto sobre ingresos. Promovida inicialmente durante muchos años por el entonces representante  Jack Kemp (R-NY) y el entonces senador Hill Roth (R-DE), presentaba una reducción de un 25% en los niveles de impuestos, implementados en un plazo de tres años, y con indices de inflación de ahí en adelante. Esto disminuyó en un 50% el nivel más alto de impuestos. 
La Ley de 1981 también presentó un abandono dramático en el tratamiento de los desembolsos para plantas y equipos que hacían los negocios, es decir, recuperación del costo de capital, o depreciación del impuesto. Hasta entonces, la recuperación del costo de capital trataba, en términos generales, de seguir un concepto conocido como depreciación económica, que se refiere al descenso que tienen en el valor de mercado los recursos de producción después de  un período específico de tiempo. La Ley de 1981 desplazó explícitamente el concepto de depreciación económica, creando en su lugar el Sistema de Recuperación Acelerada de Costos, que redujo grandemente la pérdida de incentivos que afrontaban las inversiones de negocios, y finalmente preparando el camino para el subsiguiente auge en la formación de capital. En adición a la acelerada recuperación de costos, la Ley de 1981 instituyó un Crédito de impuestos de un 10% de la inversión, para estimular la formación adicional de capital.     
Antes de la rebaja de impuestos de 1981, y en muchos círculos aún después, la opinión prevaleciente era que la política de impuestos es más efectiva cuando modula la demanda agregada que cuando la demanda y la oferta no concuerdan, esto es, cuando la economía va hacia la recesión o cuando se sobrecalienta. La rebaja de impuestos de 1981 representó una nueva forma de considerar la política de impuestos, aunque era de hecho un regreso a una forma más tradicional, o neoclásica, de perspectiva económica. La idea esencial era que los impuestos tienen su primero y principal efecto en los incentivos económicos que afrontan individuos y negocios. De modo que la tasa de impuesto del último dólar ganado, esto es, el dólar marginal, es mucho más importante para la actividad económica que la tasa de impuestos que afronta el primer dólar ganado o que la tasa de impuestos media. Reduciendo las tasas de impuesto marginal, se creía que las fuerzas naturales del crecimiento económico estarían menos restringidas. Los individuos más productivos dirigirían entonces más energías hacia actividades productivas que hacia el ocio, y los negocios tomarían entonces ventaja de muchos más oportunidades lucrativas. También se pensaba que al reducir las tasas de impuesto marginal, ampliaría la base impositiva puesto que entonces los individuos dirigirían más de sus ingresos y actividades hacia formas sujetas a impuestos que hacia las exentas.           
La rebaja de impuestos de 1981 representó el alejamiento de previas filosofías políticas sobre impuestos, una explícita y deseada y la segunda por implicación. El primer cambio fue el nuevo enfoque sobre las tasas del impuesto marginal e incentivos, como factores claves en como el sistema de impuestos afecta la actividad económica. El segundo alejamiento político fue  apartarse del impuesto sobre ingresos e ir hacia el impuesto sobre consumo. El cobro de costos acelerado fue una manifestación de este cambio en el lado de los negocios, pero el lado individual también vió un cambio significativo en la implementación de varios preceptos para reducir el impuesto múltiple sobre el ahorro individual. La Cuenta de Retiro Individual, por ejemplo, fue promulgada en 1981.       
Simultáneamente con la promulgación de las rebajas de impuestos en 1981, el Consejo de la Reserva Federal, con el completo apoyo de la Administración Reagan, alteró la política monetaria a fin de traer la inflación  bajo control. Las acciones de la Reserva Federal disminuyeron la inflación más rápido y más lejos de lo que se previó en aquel momento, y una consecuencia fue que la economía cayó en una honda recesión en 1982. Otra consecuencia del colapso de la inflación fueron los niveles de gastos federales , que por haber sido considerados a un nivel superior a la prevista inflación, resultaron ser muchos más altos en términos ajustados a la inflación. La combinación de las rebajas de impuestos, la recesión, y el aumento por una vez de  gastos federales ajustados a la inflación, produjo déficits presupuestales históricamente altos que, a su vez, condujeron a un aumento de impuestos en 1984 que se igualaban a algunas de las rebajas de impuestos dispuestas en 1981, especialmente del lado de los negocios.    
Al bajar la inflación y entrar en efecto más y más de las rebajas de impuestos de la Ley de 1891, la economía comenzó un fuerte y sostenido modelo de crecimiento. Aunque la penosa medicina de la desinflación hizo lento e inicialmente escondió el proceso, los efectos beneficiosos de las rebajas de la tasa marginal y las reducciones de los incentivos negativos a la inversión se enraizaron, según lo prometido.  
El sistema de Seguridad Social se mantuvo esencialmente igual desde su promulgación hasta 1956. Sin embargo, a partir de 1956 la Seguridad Social comenzó una casi continua evolución al irse añadiendo más y más beneficios, comenzando con la adición de los beneficios del Seguro de Incapacidad. En 1958 se extendieron los beneficios a los que dependían de trabajadores incapacitados. En 1967, los beneficios de incapacidad fueron extendidos a viudas y viudos. Las enmiendas de 1972 proveyeron beneficios automáticos de costo de la vida. 
En 1965 el Congreso promulgó el programa de Cuidados Médicos, que proveía para las necesidades médicas de personas de 65 o más años, independientemente de sus ingresos. Las enmiendas crearon también el Programa de Ayuda Médica, que provee asistencia médica para personas de bajos ingresos y recursos.  
Por supuesto, la expansion de la Seguridad Social y la creación de Cuidados Médicos y Ayuda Médica requirieron impuestos para ingresos adicionales, de forma que el impuesto básico sobre la nómina se aumentó repetidamente a través de los años. Entre 1949 y 1962 la tasa de impuesto sobre la nómina ascendió continuamente desde su tasa inicial de 2 por ciento a un 6 por ciento.  Las expansiones de 1965 condujeron a mayores aumentos en la tasa combinada de impuestos a la nómina subiendo a un 12.3% en 1980. De forma que en 31 años la carga máxima de impuestos de la Seguridad Social aumentó de unos meros $60.00 en 1949 a $3,175.00 en 1980.    
A pesar del aumento de la carga del impuesto sobre la nómina, las expansiones de beneficios que el Congreso promulgó en años anteriores llevaron a profundas crisis de fondos en el programa de Seguridad Social en los primeros 1980s. Eventualmente el Congreso legisló algunos pequeños cambios programáticos en los beneficios de Seguridad Social, junto a un  aumento en la tasa de impuesto sobre la nómina hasta un 15.3% en 1990. Entre 1980 y 1990, la carga máxima de impuesto sobre la nómina más que se duplicó hasta $7,849.00.
La Ley de Reforma de Impuestos de 1986.
Siguiendo a la promulgación de los cambios de impuestos en 1981, 1982 y 1984, había un sentimiento creciente de que el impuesto sobre ingresos necesitaba de una revisión más fundamental. El auge económico que siguió a la recesión  de 1982 convenció a muchos dirigentes políticos de ambos partidos  que tasas de impuestos más bajas eran esenciales a una economía fuerte, a tiempo que el constante cambio de la Ley hizo llegar a muchos una apreciación de la complejidad del sistema de impuestos. Más aún, los debates durante este período llevaron a un entendimiento general de las distorsiones impuestas a la economía, y la pérdida de empleos y salarios, que surgían de las muchas peculiaridades en la definición de la base de impuestos. Se desarrolló una nueva y más amplia filosofía de la política de impuestos de que el impuesto sobre ingresos mejoraría grandemente si se rechazaban todas estas disposiciones especiales y se disminuían aún más las tasas de impuestos. De forma que en el mensaje de 1984 sobre el Estado de La Unión, el Presidente Reagan abogó por una reforma total del impuesto sobre los ingresos, de forma que tuviera una base más amplia y tasas más bajas, y fuera más justo, más simple y más consistente con la eficiencia económica.         
La culminación de este esfuerzo fue la Ley de Reformas de Impuestos de 1986, que disminuyó la más alta tasa de impuesto estatutorio desde un 50% a un  28%, a la vez que el impuesto sobre las corporaciones fue reducido de un 50 a un 35%. El número de niveles de impuestos fue reducido y la exención personal y las cantidades de deducción normal fueron aumentadas y reguladas de acuerdo con la inflación, aliviando así a millones de contribuyentes de cualquier carga de impuesto federal. Sin embargo, la Ley también creó nuevos impuestos mínimos alternativos, personales y de corporaciones, que demostraron ser demasiado complicados, innecesarios y económicamente dañinos. 
La Ley de Reformas de Impuestos de 1986 fue esencialmente neutra en cuanto a ingresos, es decir, no tenía el propósito de aumentar o disminuir los impuestos; pero pasó de los individuos a las corporaciones algunas de las cargas impositivas. Mucho del aumento del impuesto sobre los negocios fue el resultado de un aumento en el impuesto sobre la formación de capital de negocios. Logró algunas simplificaciones para los individuos a través de la eliminación de cosas tales como promedio de ingresos, la deducción por el interés del consumidor, y la deducción de los impuestos locales y estatales sobre ventas. Pero en muchos aspectos la Ley añadió complejidad al impuesto sobre negocios, especialmente en el área de impuestos internacionales. Algunas de las disposiciones de demasiado alcance de la Ley condujeron también a una baja en los mercados inmobiliarios, que jugaron un papel importante en el subsiguiente colapso de la industria de Ahorros y Préstamos.            
Contemplada en un contexto más amplio, la Ley de Impuestos de 1986 representó el penúltimo pago de un proceso extraordinario de reducción de tasas de interés. En el período de 22 años de 1964 a 1986, la máxima tasa de impuesto individual fue reducida de un 91 a un 28 por ciento. Sin embargo, a causa de que los contribuyentes de mayores ingresos escogían cada vez más el recibir sus ingresos en forma sujeta a impuestos, y a causa de la ampliación de la base de impuestos, la progresividad del sistema de impuestos en realidad aumentó durante este período.
La Ley de Impuestos de 1986 también representó un regreso temporal en la evolución del sistema de impuestos. Aunque llamado impuesto sobre ingresos, el sistema federal de impuestos ha sido en realidad, por muchos años, un impuesto híbrido de ingreso y consumo, con el balance inclinándose hacia un impuesto de consumo ol alejándose de él, con muchas de las principales leyes de impuestos. La Ley de Impuestos de 1986 inclinó el balance, una vez más, hacia el impuesto sobre ingresos. De mayor importancia en este sentido fue el regreso a referencias a la depreciación económica en la formulación del sistema de recuperación de costo de capital, y las significativas nuevas restricciones en el uso de las Cuentas de Retiro Individual. 
Entre 1986 y 1990 la carga de impuesto federal se elevó, como parte del PDB, desde un 17.5 a un 18 por ciento. A pesar del incremento en la carga general de impuestos, déficits federales persistentes, debido a todavía mayores niveles de gasto gubernamental, crearon presiones casi constantes para aumentar los impuestos. De forma que en 1990 el Congreso aprobó un significativo aumento de impuestos presentando una tasa de impuestos máxima de 31 por ciento. Poco después de su elección, el Presidente Clinton insistió en que el Congreso aprobara un segundo gran aumento en 1993, en el cual la máxima tasa de interés fue elevada a 36% y aun fue añadido un sobrecargo de 10%, dejando la máxima tasa de impuestos efectiva en un 39.6 por ciento. Claramente, la tendencia hacia menores tasas de interés marginales había sido revocada, pero, como resultó más tarde, sólo temporalmente.     
La ley de Alivio al Contribuyente de 1997 hizo cambios adicionales al código de impuestos, dando una modesta rebaja de impuestos. La pieza central de la Ley de 1997 fue un significativo nuevo beneficio impositivo a ciertas familias con niños, a través del Crédito de Impuestos por Niño. Sin embargo, el factor realmente significativo de este alivio impositivo fue que el crédito era reintegrable a familias de más bajos ingresos. Es decir, en casos en que la familia hubiera pagado un impuesto “negativo”, o recibido un crédito en exceso de su responsabilidad anterior a la ley. Aunque el sistema impositivo había otorgado anteriormente créditos impositivos personales, como el Crédito Sobre el Ingreso Ganado, el Crédito Impositivo por Niño comenzó una tendencia en la política de impuesto federal. Los alivios impositivos anteriores fueron generalmente otorgados en la forma de tasas de impuesto menores o aumentos en deducciones o exenciones. La Ley de 1997 lanzó una moderna proliferación de créditos impositivos individuales y especialmente créditos reintegrables que son, en esencia,  programas de gastos funcionando a través del sistema impositivo.                
Los años inmediatamente posteriores al aumento de impuestos de 1993 vieron también continuar otra tendencia que fue, una vez más, cambiar de nuevo el balance del híbrido impuesto ingreso-consumo hacia el impuesto sobre consumo. En este caso el movimiento fue enteramente en la parte individual, en la forma de una proliferación de vehículos impositivos para promover ahorros de propósito específico. Por ejemplo, Las Cuentas de Ahorros Médicos fueron promulgadas para facilitar el ahorro en gastos médicos. Se promulgó una cuenta de retiro individual (IRA .Individual Retirement Account) para la educación, en la Sección 529 del Programa de Tutoría Calificada, con el objeto de ayudar a los contribuyentes a pagar futuros gastos de educación. Adicionalmente, se promulgó una nueva forma de vehículo de ahorro, llamada ROTH IRA, que se diferenciaba de otros vehículos de ahorro como el IRA tradicional, y planes 401(k) basados en el empleador, en que las contribuciones eran hechas en dólares posteriores al pago de impuestos y en que las distribuciones estaban libres de impuestos.  
A pesar de las más altas tasas de impuestos, otros aspectos fundamentales de la economía tales como la baja inflación y las bajas tasas de interés, un mejor cuadro internacional con el colapso de la Unión Soviética, y la llegada de informaciones tecnológicas cuantitativamente nuevas, condujeron a fuertes resultados económicos a través de los 1990s. Esto, a su vez, llevó a un aumento extraordinario de la carga impositiva agregada, con los impuestos federales, en razón del PDB, llegando a una cima de postguerra de  20.08 en 2000.         
La rebaja de impuestos de Bush
Hacia 2001, los ingresos totales de los impuestos habían producido un supuesto superávit unificado de presupuesto federal de $281,000 millones, con un acumulado superávit proyectado de $5.6 billones. Mucho de este superávit reflejaba una creciente carga impositiva como parte del PDB, debido a la interacción de resonancias crecientes de los ingresos y una estructura de progresivas tasas de impuestos. En consecuencia, bajo la dirección del Presidente Bush, el Congreso detuvo los proyectados aumentos futuros de la carga de impuestos, aprobando la “Ley de Alivio de Impuestos y Reconciliación” de 2001. La pieza central de la rebaja de impuestos de 2001 fue la recuperación de algo del terreno perdido en los 1990s en cuanto a menores tasas de interés de impuestos. Aunque la tasa de reducciones tendría efecto en un período de varios años, la máxima tasa de interés caerá de un 39.6 a un 33 por ciento.          
La rebaja de impuestos de 2001 representó una vuelta a un número de tendencias distintas en la política de impuestos. Por ejemplo, amplió la Ley de Crédito de Impuestos de Apoyo Infantil,  de $500.00 a $1,000.00 por niño. También aumentó el Crédito de Impuestos a los Niños Dependientes. La rebaja de impuestos de 2001 también continuó a moverse hacia un impuesto de consumo, expandiendo una serie de incentivos de ahorros. Otro rasgo de la rebaja de impuestos de 2001, particularmente digno de mención, es que pone los impuestos de haciendas,  regalos y saltos generacionales en un curso de eventual abolición, que es también otro paso hacia un impuesto al consumo. Un rasgo nuevo en la rebaja de impuestos de 2001, comparada con la mayoría de las grandes leyes de impuestos, es que está casi desprovista de clásulas de impuesto a negocios.     
La rebaja de impuestos de 2001 dará fuerza adicional a la economía en los próximos años, a medida que sus disposiciones se vayan haciendo efectivas y, en verdad, un  argumento para su aprobación ha sido siempre el que es una forma de seguro contra un revés económico. Sin embargo, ignorada por la Administración Bush y por el Congreso, la economía ya estaba en descenso mientras la Ley estaba siendo debatida. Afortunadamente, el descenso fue breve y poco profundo, pero ya está claro que las rebajas de impuestos que fueron aprobadas y entraron en efecto en 2001, jugaron un papel significativo en apoyar la economía, abreviar la duración del descenso, y prepararla para una recuperación robusta.             

Una lección del descenso económico fue el peligro de considerar una economía fuerte como cosa dada. El fuerte crecimiento de los 1990s condujo a hablar de una “nueva economía” que muchos estimaban estaba virtualmente a prueba de recesión. La popularidad de este supuesto era fácil de entender cuando se considera que sólo ha habido una muy leve recesión en los 18 años previos. Tomando a pecho esta lección, y a pesar de los crecientes beneficios de la rebaja de impuestos de 2001, y las tempranas señales de recuperación, el Presidente Bush hizo un llamado, y el Congreso aprobó, una ley de estímulo económico. La ley incluía una extensión de los beneficios de desempleo para ayudar a aquellos trabajadores y familias que estaban tensos  debido a la depresión. La ley también incluía una disposición para proveer una temporal pero significativa aceleración de las concesiones por depreciación en las inversiones comerciales, asegurando así que la recuperación y expansión serán fuertes y equilibradas. Es interesante que  la disposición sobre depreciación significa también que el impuesto federal sobre los negocios ha vuelto a su tendencia hacia un impuesto sobre consumo, haciéndose paralelo una vez más a la tendencia del impuesto individual.